Columnistas

Nueve de cada diez

Salir de la violencia lleva años. Las mujeres que lo han hecho cuentan que es como rearmar un cristal

La Razón / Lucía Sauma

00:32 / 26 de enero de 2012

Se cree que para 2005 más de la mitad del mundo esté dirigido, desde las empresas privadas a los gobiernos, por mujeres y esa es una muy buena noticia aunque yo no la vea”. Eso me dijo el cantautor argentino Facundo Cabral en una entrevista el 15 de marzo de 1988. Desde entonces, las mujeres en Bolivia hemos avanzado en el ejercicio del poder político, pero no lo suficiente en la lucha contra la violencia.

El 43% del Órgano Judicial está representado por mujeres. La cámaras  de Senadores y de Diputados están dirigidas por mujeres. El 35% del  actual gabinete ministerial está constituido por mujeres. En enero de 2011 era el 50%. Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística (INE) dice que nueve de cada diez mujeres sufren violencia en algún momento de su vida.

Una cálida noche en Riberalta le pedí a Consuelo, dirigente de las castañeras, que me contara su vida. A sus 14 años la entregaron a un siringuero (trabajador que se ocupa en la extracción del caucho). “Fui a los ríos y me entregaron marido. Te llevaban y obligadamente tenías que tener tu pareja, quieras o no. Él era un desconocido, yo de Riberalta, él era de Moxos. Ocho largos años viví, o mejor dicho sufrí con él. Luego me escapé. Yo fui una de esas madres que dejó a sus hijos. Lo hice para evitar que él mate a mi hijo menor en una de sus borracheras. Preferí poner distancia”.

Salir de la violencia lleva largos años. Las mujeres que consiguen hacerlo, cuentan que es como rearmar un cristal roto. Deja huellas visibles e invisibles para siempre.

En El Alto, una exsubalcaldesa me contó que su marido le quebró el pie para evitar que asista a las reuniones de su distrito. “—¡Allí sólo vas a conseguirte otro macho!, me dijo. Con el combo me ha quebrado el pie para que no salga de mi casa”. Estos dos testimonios corresponden a mujeres que lideran a trabajadores que han llevado a cabo movilizaciones con resultados trascendentales para la vida del país.

El año pasado, la campaña Punto Final a la Violencia contra las Mujeres realizó una encuesta dirigida a los varones. Muchos reconocen que la violencia contra las mujeres “es mucha y está mal”, pero ante la pregunta de si las mujeres deben ser castigadas, contestan que sí, porque “es una forma de corregir sus errores”.

Un amigo piensa que los varones seguirán golpeando a las mujeres, “eso nunca va a terminar”, me dice. Si por instinto de autoconservación la humanidad ha sido capaz de vencer pestes, plagas y guerras ¿por qué no terminar con la violencia contra las mujeres? La violencia es un delirio de muerte del machismo.

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