Columnistas

Nuevo paradigma de planificación

Profundizar el proceso de cambio a favor de las grandes mayorías es el mandato de la cumbre

La Razón / Emilio Pinto

00:00 / 24 de enero de 2012

Debe ser la primera vez en la historia republicana y del Estado Plurinacional que se lleva adelante un encuentro entre las fuerzas vivas del país y el Estado. Cochabamba fue el escenario de ese diálogo que permitió visualizar lo mucho que se ha avanzado en nuestro país a partir de 2006, año en que el primer Presidente indígena fue investido en el templo ceremonial de Tiawanaku, signo y significante anhelado durante siglos por lo originarios del Abya Yala.

Esta posesión marcó un nuevo destino para la patria, a partir de hechos concretos como la nacionalización de los hidrocarburos; una nueva Constitución Política del Estado, bonos para la niñez estudiantil, para la madre gestante y el niño hasta sus dos años; la renta Dignidad constitucionalizada para las abuelas y abuelos, y no la prebenda política del periodo neoliberal; apoyo al pequeño y mediano productor agrícola, a través de la Empresa de Apoyo a la Producción  de Alimentos (Emapa); la futura industrialización de los hidrocarburos, prevista por medio de una planta separadora de líquidos y las plantas de úrea y amoniaco.

Tareas impensables en la lógica de la mentalidad colonial de las castas dominantes que gobernaron el país durante 180 años, a través de partidos políticos tanto de izquierda como de derecha.

Hoy Bolivia es presentada en foros internacionales como gestora de políticas sociales propias, elogiada por su buen manejo económico, traducido en el crecimiento sostenido de su Producto Interno Bruto, que se duplicó en los últimos seis años de Bs 77 mil millones (2005) a Bs 160 mil millones (2011). Es en este contexto que se realizó el encuentro de Cochabamba, que tuvo como base el trabajo realizado por las fuerzas vivas en cada departamento, sopesando la vocación productiva de aymaras, quechuas, guaraníes y de la población en general; vocación que durante más de 20 años fue coartada por los gobiernos neoliberales en agenda conjunta con los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo), en el marco del Consenso de Washington. 

La cumbre mostró un alto espíritu de cohesión de país, con la participación de empresarios que, al parecer, ya comprenden la importancia del rol del Estado en la actividad económica de los sectores estratégicos y no en manos de transnacionales, puesto que ahora el excedente productivo es reinvertido en el país. El resultado es que las regiones recibieron en la gestión del gobierno de Evo Morales el doble de recursos que en pasadas administraciones. El proceso de cambio se está haciendo realidad. Se están alcanzado anhelos postergados durante décadas y al país se le están abriendo nuevos horizontes, como es la construcción y pronta puesta en órbita del satélite Túpac Katari.

La cumbre planteó políticas y acciones sobre deudas históricas que las ineficientes castas señoriales nunca dieron solución en materia de caminos, seguridad alimentaria, salud, educación, género, industrialización, etc. Asimismo, se ha pedido profundizar las políticas sociales, cambiar las leyes neoliberales e incorporar a las nuevas el carácter plurinacional de la Constitución Política del Estado.

Esta nueva forma de planificación estatal, sin lugar a dudas, se constituye en un nuevo paradigma en los procesos de planificación en América Latina, la disponibilidad social y real están dadas. Profundizar el proceso de cambio es el mandato de la cumbre, el reto histórico  a favor de las grandes mayorías ha sido planteado, materializarlo está en manos de todas y todos los bolivianos.

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