Columnistas

Nuevos colores del lago

Queda claro que la polución data de hace años y que la acción de las autoridades también huele mal

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

00:00 / 16 de mayo de 2015

Los pobladores de Puerto Pérez caminan al filo de dos temores. Uno viene del lago Titicaca, donde aparecieron ranas moribundas, fenómeno coincidente con “una cinta verduzca” sobre las aguas de ese humedal, como la define Justino Choque, autoridad originaria de la provincia. El otro temor viene de tierra firme: la pesca es una de las principales actividades económicas, y si persiste la contaminación, habrá menos venta, amén de reducirse las visitas de turistas a la pintoresca población adornada por las aguas del lago y los nevados de la Cordillera Real.

De modo que las explicaciones en Puerto Pérez sobre este fenómeno caminan entre la denuncia y las inmediatas correcciones: “Pero el agua ya está limpia, ha vuelto la normalidad, los peces están volviendo, desayunamos y almorzamos pescado y no nos pasa nada...”.

En el estudio titulado La Bahía de Cohana, actualización 2009-2010, Marco Octavio Ribera, de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), advierte, hace cinco años, que “la contaminación está en franco avance hacia el interior del lago, afectando las islas de Pariti y Suriqui y amenazando bahías alejadas (Huacullani-Taraco-Puerto Pérez)”. Asimismo, revela que “fueron varias las instituciones que realizaron evaluaciones entre 2001 y 2005, entre ellas el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, la Prefectura  del departamento de La Paz, el Instituto Boliviano de Ciencia y Tecnología Nuclear, la Unidad Operativa Boliviana del lago Titicaca, el Servicio Departamental de Salud y el laboratorio de la Facultad Técnica de la UMSA”.

Queda claro que la contaminación de sectores del lago navegable más alto del mundo no es nueva. Los estudios, la preocupación, vienen desde principios de este siglo; y el problema, del siglo anterior. En las poblaciones costeras se comenta que el fenómeno aumenta en la época de lluvias. Los ríos que desembocan en el lago cobran mayor fuerza y arrastran más desechos humanos.

La investigación de Lidema señala que en 2001 el municipio de El Alto tenía 632.372 habitantes, y actualmente, de acuerdo con el último censo, tiene 850.000; sin embargo, su sistema de tratamiento de aguas servidas fue construido solamente para 300.000 personas. Otros centros urbanos como Viacha, Batallas y Laja también contribuyen a esta contaminación, y lo propio ocurre con Copacabana; a estas alturas casi nadie ignora dónde terminan los desechos urbanos e industriales de todos esos municipios.

El estudio de Lidema coincide con la descripción del dirigente campesino Justino Choque: “se puede detectar mayor efecto de contaminación cuando la coloración del agua es gris verdosa”.

A su vez, la Autoridad Binacional del Lago Titicaca (Bolivia-Perú) indica que “las aguas residuales domésticas provocan la contaminación orgánica y bacteriológica; mientras que las aguas residuales de la minería promueven la contaminación física y química. La contaminación en su mayoría proviene de poblados que carecen de sistemas de tratamiento de aguas residuales o que no funcionan adecuadamente”. Mal de muchos, consuelo de tontos: en el lado peruano los principales focos de contaminación son Puno y Juliaca. Queda claro que la contaminación está servida desde hace mucho y que la acción de las autoridades responsables del tema también huele mal.

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