Columnistas

Obama debe tomar la delantera

Putin ha desencadenado un nacionalismo antirruso alrededor de sus fronteras

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 23 de marzo de 2014

La crisis en Ucrania fue el producto de dos conjuntos de errores, ninguno de ellos provenientes de Washington. El problema fue creado por las vacilaciones de la Unión Europea y principalmente, por supuesto, por la agresión de Rusia. Dependerá de Barack Obama mostrar la fuerza y habilidades necesarias para resolverlo.

Durante años, la Unión Europea ha mantenido una actitud ambivalente hacia Ucrania, causando inestabilidad en el país y la oposición de Rusia. La mayor fuente de poder de la Unión Europea (UE) es la perspectiva de adhesión a dicha Unión. Este imán ha transformado sociedades en el sur y este de Europa, creando estabilidad, modernización económica y democracia. Por esta razón, es un arma que debería ser estratégica y seriamente utilizada. No fue el caso de Ucrania.

Ucrania es el país más importante que ocupa parte del territorio de la ex URSS y que Rusia busca dominar políticamente. Si Europa buscara seriamente ayudar a Ucrania a anexarse hacia el oeste, debería haber planeado una inteligente, generosa y rápida estrategia de atracción. Por el contrario, la UE condujo extensas, y no directamente focalizadas negociaciones con Kiev, ofreciéndole eventualmente un pacto de asociación que incluía mayormente, pedidos de que Ucrania realizara masivas reformas económicas y políticas, antes de que el país accediese a las buscadas vías de comercio o ayuda con Europa.

Pero, no insistamos en creer que los movimientos tomados por Moscú han sido estratégicamente brillantes. Vladímir Putin debe haber visto con extrema frustración en febrero cómo un gobierno pro Rusia fue derrocado y Ucrania se desprendía de sus manos. Una vez finalizadas las Olimpíadas, el Presidente procedió con prontitud, enviando sus tropas armadas a Crimea. Fue una gran equivocación. Tomando Crimea, Putin ha perdido Ucrania.

A partir de 1991, Rusia ha influido sobre Ucrania a través de políticos pro Rusia, quienes fueron sobornados por Moscú para escuchar sus dictámenes. Este camino está ahora truncado. El profesor de la Universidad de Princeton Stephen Kotkin señala que en las últimas elecciones, en 2010, Víktor Yanukóvych, que representa hasta cierto punto las fuerzas prorrusas, ganó Crimea por cerca de un millón de votos, que es la razón principal por la cual ganó los comicios. En otras palabras, una vez que se saca a Crimea de Ucrania —que es lo que ha hecho Putin— se vuelve realmente imposible para un ucraniano prorruso ganar la presidencia. Recordemos que Ucrania está dividida, pero no a la mitad. Sin Crimea, solo el 15% de la población será de origen ruso.

En realidad, la única esperanza de que Rusia pudiera revertir la situación en Crimea sería si Putin se diera cuenta de que su única posibilidad de mantener su influencia en Ucrania es teniendo Crimea —con su gran mayoría rusa— como parte de ese país.

Tan importante como la pérdida de Ucrania, Putin ha desencadenado un profundo nacionalismo antirruso alrededor de sus fronteras. Hay 25 millones de personas de origen ruso que viven fuera de Rusia. Países como Kazajstán y Azerbaiyán, con importantes minorías rusas, deben preguntarse si Putin podría fomentar los movimientos secesionistas en sus países también, y luego utilizar el Ejército ruso para “protegerlos”. De todos modos, Rusia ha debido sobornar a países con ofertas de gas a bajo costo para unirse a su “Unión Euroasiática”. Sospecho que el costo para Moscú acaba de subir.

Más allá del “extranjero cercano”, las relaciones de Rusia con países como Polonia y Hungría, que fueron estrechas alguna vez, son ahora tensas y contradictorias. La OTAN, que ha estado buscando un rol en la era posterior a la Guerra Fría, ha recibido una nueva oportunidad en la vida. Moscú se enfrentará a algunas de las sanciones de Washington y, casi con toda seguridad, la Unión Europea también. En una ruptura poco común con Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, China se negó a tolerar los movimientos de Rusia en Crimea. Nicaragua, Venezuela y dos naciones insulares del Pacífico Sur reconocieron la anexión de Moscú con Abjasia y Osetia del Sur de Georgia. Sería tanto como reconocer la anexión de Crimea.

En general he sido prudente con las convocatorias de la intervención norteamericana en todos y cada uno de los conflictos alrededor del mundo. Pero esto es diferente. La crisis en Ucrania es el problema geopolítico más importante desde el final de la Guerra Fría. A diferencia de muchas de las trágicas guerras étnicas y civiles que han surgido a lo largo de las últimas tres décadas, éste involucra a una gran potencia mundial, Rusia, y por lo tanto puede y va a tener consecuencias de gran alcance. Y se trata de un gran principio global —si las fronteras nacionales se pueden cambiar por la fuerza. Si tal cosa llegara a aceptarse, ¿qué ocurre en Asia, donde hay docenas de fronteras disputadas, y varias grandes potencias que quieren restablecerlas?

El presidente Obama debe unir al mundo, empujar a los europeos, y negociar con los rusos. En esta crisis, realmente es América la nación indispensable.

Es periodista indoestadou-nidense. © 2014, The Washington Post Writers Group.

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