Columnistas

Obras estrella

Debemos comprender que la ciudad es de todos y todos debemos decidir su destino

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:02 / 18 de febrero de 2014

La moda de las “obras estrella” aparecieron en las ciudades como una verdadera plaga planetaria, un azote divino que ha ocasionado infortunios en todas partes. Se construyeron “obras estrella” con un entusiasmo desmedido que ahora se pagan dolorosamente, porque así se saldan las cuentas de la intromisión de la política en la ciudad: con sangre.

A raíz del proyecto municipal para la Garita de Lima soportamos conflictos y abusos que podemos evitarlos con un mínimo de sentido común. Para ello, van dos reflexiones que se dirigen tanto a los proyectos municipales como a los del Estado Plurinacional.

En primer lugar, los arquitectos, viejos y jóvenes, debemos aceptar que nos podemos equivocar. Es más, esta ciudad está llena de equívocos impresentables que se dibujaron en contratos directos o para concursos públicos. Y sí, nos podemos equivocar tanto los arquitectos proyectistas como los arquitectos del jurado calificador. Ante tal constatación, es imperativo que se conozcan con anticipación las ideas que elucubran los técnicos a cargo de un proyecto de importancia pública; tenemos como comunidad el derecho de opinar y decidir sobre los proyectos en zonas representativas de esta ciudad como es el caso de la Garita de Lima o la plaza Murillo.

En segundo lugar, las autoridades tienen el deber de hacer conocer sus “obras estrella” para que el pueblo vote por su ejecución o su rechazo. Estoy seguro que si las autoridades municipales hubieran convocado al “soberano” a un debate y posterior referéndum sobre el proyecto de la Garita de Lima, la población lo aceptaba por amplia y abrumadora mayoría. Así se debe responder a las reacciones cavernarias de los gremialistas que, no contentos con bloquear la ciudad, llegaron al extremo de secuestrar a todos los funcionarios municipales en sus oficinas: un acto de demencia colectiva. Todo se genera (o degenera) porque las autoridades se han acostumbrado a “dar con lo hecho”, a no preguntar y a proceder sin demoras, a los topetazos, porque las “obras estrella” se ejecutan apuradas por una agenda electoral. Socializar el destino de esta ciudad es positivo y edificador, basta con recordar la última experiencia de Villa San Antonio, cuyo final es de enorme provecho colectivo.

Si no queremos dejar deudas de sangre a nuestros hijos y nietos, comprendamos algo tan simple: la ciudad es de todos y todos debemos decidir su destino. Enfatizo: d-e-t-o-d-o-s y no solo de algunos transportistas desaforados o de un centenar de “empobrecidos” gremialistas que  tienen su “parcela” en nuestros espacios públicos. Tampoco es la finca temporal de algunas autoridades y, muchísimo menos, una probeta de ensayos para los arquitectos.

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