Columnistas

Octubre en las memorias

Es un libro excepcional y tiene un título inquietante: ‘Y todo comenzó de nuevo. Memorias de octubre’.

La Razón (Edición impresa) / Fernando Mayorga

00:00 / 13 de octubre de 2013

Un libro de relatos cortos me acompaña durante el décimo mes del año. Desde hace una década repito el rito de ojear sus páginas. Cada primer viernes de octubre leo algunas páginas de ese libro a mis alumnos y alumnas en la universidad pública. Para que sepan, para que no olviden que los procesos y las instituciones se concatenan con actores sociales, con personas de carne y hueso. Es el lazo entre capacidad de agencia y condiciones de estructura, como dicen los sociólogos. Ese libro es un texto excepcional y tiene un título inquietante: Y todo comenzó de nuevo. Memorias de octubre. Fue publicado en 2004 y no dice en qué ciudad, no hace falta. Es fruto de un trabajo de escritura promovido por Mónica Navia que impulsó a casi dos centenas de estudiantes normalistas a escribir sobre los sucesos de aquel “octubre negro” en El Alto y La Paz.

El nombre que contiene esa pluralidad de voces es Grupo Los Cronistas, y el prólogo nos avisa que se trata de una “escritura como un diálogo: diálogo con la familia, con la cuadra, con el barrio, con la escuela, con la ciudad, con las instituciones, con uno mismo”. Sus páginas nos sumergen en innumerables historias. Las crónicas están agrupadas por temas que muestran diversas facetas de los sucesos de esos días: regreso a casa, la prepotencia, la rabia, la organización, mujeres, la marcha. Y concluye con una interrogante: y ahora, ¿qué?

Releo esas crónicas y decido compartir algunos fragmentos con mis esporádicos lectores en vez de perpetrar un balance acerca de las transformaciones políticas ocurridas en el transcurso de esta década. Octubre de 2013 fue un punto de inflexión en el proceso político, también un sinfín de vivencias donde se cruzan la Historia y la vida cotidiana. Un pedazo de la primera crónica expresa ese sentido. Fue escrita por Rómulo Marca:

“A esa hora de la noche podía quedarme en la casa de mis padres pero recordé que el 12 de octubre era mi aniversario de bodas, así que decidí llegar a casa a como dé lugar... Eran las cinco de la mañana y por fin tenía mi casa en frente; pero noté algo extraño para esa hora: las puertas estaban abiertas y de la ventana alguien me observaba... Era mi esposa la que me observaba: ‘Eres un inconsciente’, fue el saludo que recibí, acompañado de un llanto casi histérico que me impactó. Lo que había sucedido era que, al estar ella en la casa, había escuchado todo el día las noticias de radio y televisión que daban cuenta de varias muertes, y no podía comprender cómo, con todos esos riesgos, me había atrevido a ir a casa. Lo único que atiné a decirle fue: ‘Feliz aniversario’… (A) las nueve de la mañana... todos nos sentamos a la mesa, pero nadie probó bocado, pues alguien puso las noticias, que eran muy alarmantes... Yo aún pensaba que nada me impediría disfrutar de mi aniversario, y los convencí de apagar las radios y televisores. Nos abstrajimos de todo, y pude tener un bonito día familiar. Al llegar la noche, nos recogimos a nuestros aposentos cuando empezaron a estallar petardos que llamaban a reunión vecinal. Seguía con el propósito de no involucrarme; pero minuto que pasaba era un minuto que golpeaba mi inconsciente donde empezaba a germinar o más bien a despertar de ese sueño aletargado mi sentimiento de compromiso, de lucha; me decía a mí mismo: ‘Sal, comprométete’. En ese momento me decidí. Me vestí, y salí dispuesto a entregarme a lo que el movimiento requiriera”.

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