Columnistas

Olla de grillos, 50 años

A la dictadura había que enfrentarla no solo con ajos y cebollas, sino también con huevos

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:36 / 24 de febrero de 2016

La embajada yanqui financió un golpe militar el 4 de noviembre de 1964 para pulverizar las conquistas sociales de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952.

Los generales Barrientos y Ovando iniciaron la sangrienta revuelta, a la que se sumaron los últimos gamonales, la nueva burguesía y el líder obrero Lechín.

El régimen que reemplazó a los movimientistas se llamó Gobierno de la Restauración (para devolver privilegios a la rosca), y con el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial aplicó el plan triangular de desnacionalización minera, entregó el petróleo a la Gulf Oil, perpetró matanzas, ceses masivos, rebaja de salarios, recorte de libertades, etcéperra. Desde 1965 y en un ratito desestabilizó Comibol e YPFB y subordinó la patria al capitalismo depredador. Sájtamente lo que pasaría aquí si la derecha neoliberal retomara el poder con Berzainete, el Concreto Doria Medina y otros gnomos ahora urgidos de treparse  al palo encebado del No.

Frente a aquella desoladora realidad fue que lanzamos, en febrero de 1966, el programa Olla de Grillos por Radio Altiplano. No íbamos a tirar a la dictadura, sino exhibirla en su grosero entreguismo, artillando el ingenio y la rabia razonada en el humor, la ironía y el sarcasmo.

El caído MNR fue reemplazado por el MPC, que definimos “me pasé”, porque miles de movimientistas prebendaleros se pasaron a esa “nueva opción” dirigida por Blablablarrientos. Nuestros primeros tiroteos fueron contra ellos. Luego precisamos la puntería al enemigo real, el imperialismo y sus huestes, el FMI, la Alianza para el Progreso, la embajada yanqui, USIS (la agencia de prensa y difusión de la embajada estadounidense, de la que decíamos “usís, pero no abusís”) y la satrapía nativa de fachos vendepatrias.

Olla de Grillos usaba metáforas, parodias, coplas, aforismos, etcéterapia, con picardía y talento. En ese programa consolidé el alias Coco Manto que ya traía desde radio Pío XII, en 1960. Hago agradecida memoria de los que me ayudaron a mantener caliente esa trinchera de fuego: Elsa Antequera, Raúl Quiroz (Quirito), Esteban Rea (Esteban Dido), Julio Peñaylillo (Julito) y otros cuatro suicidas. Ninguno de ellos, con excepción de Elsa (mi ángel guardián) tenía formación artística y menos histriónica. Pero qué machos.

Duramos en el aire (literal, sin sostén económico ni partido que nos respalde) cuatro años y dos meses, hasta abril de 1970. Buaarrientos decía que recibíamos el oro de Moscú y de La Habana; lo que sí teníamos era el loro de Cuba, los discursos antiimperialistas de Fidel. Quienes nos proveían de materia prima editorial para aderezarla de humorismo eran Quiroga Santa Cruz, Alipio Valencia y Zavaleta Mercado, y los periodistas Óscar Peña Franco y Víctor H. Villegas.

A la dictadura había que enfrentarla no solo con ajos y cebollas, sino también con huevos. Y así nos mandamos 203 programas sabatinos. Olla de Grillos perdió el chiste al morir su primer actor en Arque, entrampado en su helicóptero. El arquetipo.

Se cumplen 50 años de Olla de Grillos y eso es algo que a nadie le importa, excepto a los veteranos de la utopía, a los que siguen de pie sonrientes ante los contrastes, a los que creen que lo que dignifica la vida es luchar y confiar en la victoria final, con el sí de siempre.

Es periodista.

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