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¿Quién está cambiando a Estados Unidos?

Ningún otro país creyó desde el principio en la idea de la apertura y la mezcla de personas como EEUU.

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 27 de febrero de 2016

Barack Obama sabe exactamente qué está haciendo, “(él) está asumiendo un esfuerzo sistemático para cambiar este país, para lograr que Estados Unidos sea más como el resto del mundo”, señaló, una y otra vez, el aspirante a la candidatura republicana Marco Rubio, en un debate organizado hace dos semanas. Se dice que el pecado de Rubio es estilístico. Repitió la frase casi robóticamente. Sin embargo, ¿qué hay de la esencia de lo que dijo?

La acusación de que el presidente Obama está intentando cambiar a Estados Unidos es el principal elemento de conversación en un programa de debate de derecha. Tal como señala Paul Waldman, Rush Limbaugh, Glenn Beck y otros, habitualmente sostienen que las políticas de Obama han sido diseñadas con la intención de transformar a Estados Unidos y de atenuar su rasgo característico. Rubio advierte que ésta podría ser nuestra última chance de evitar que aquello suceda. Él sugiere que si las políticas de Obama continúan, Estados Unidos se convertiría simplemente en otro país. Esta retórica plantea una pregunta importante: ¿qué hace que EEUU sea excepcional? Todos los políticos estadounidenses, incluyendo Obama, utilizan esta palabra. La mayoría hace una genuflexión ante ella. No obstante, son pocos los que en realidad la definen.

Hoy en día se considera generalmente que la excepcionalidad estadounidense es económica. Muchos conservadores dicen que tanto Obamacare, como la política energética y las regulaciones financieras de la ley Dodd-Frank han violado una diferencia esencial entre Estados Unidos y el resto del mundo, al expandir el rol del Estado en la economía. Pero, ¿qué tan limitado es el Gobierno estadounidense? La conservadora fundación Heritage publica un “índice de libertad económica” anual que clasifica a los países según su grado de libertad económica. Estados Unidos se encuentra en el puesto 11, detrás de Canadá, Australia, Irlanda, Nueva Zelanda, Chile, Suiza y Singapur. Esto no parece muy excepcional.

De hecho, el Estado de bienestar estadounidense es bastante grande, pero ha sido decretado de maneras complejas, en parte para esconder esa realidad. De acuerdo con una estimación, una vez que uno agrega “los gastos fiscales”, como la exención para el sistema de salud basado en el empleador, el tamaño del Gobierno Federal aumenta un 4% del producto bruto interno (PIB). Y una vez que se suma el “gasto social privado”, término que utilizan los expertos para incluir gastos como la salud (alguno de los cuales es estipulado y regulado por la ley), el tamaño de los gastos sociales estadounidense salta al puesto número dos de todos los países ricos del mundo, superado solamente por Francia, según informa la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico.

Más importante aún, el tamaño del Gobierno estadounidense no puede ser lo que ha determinado que Estados Unidos sea excepcional. En el siglo XIX, los gobiernos europeos también habían limitado el rol de Estados a niveles incluso más pequeños que Estados Unidos. Este último, después de todo, fue el precursor de la enseñanza secundaria financiada por el Estado para todos. Sin embargo, EEUU fue excepcional desde el comienzo. Así que se trató obviamente de algo más que una política fiscal.

¿Qué hay de la libertad? Obviamente la libertad era importante; no obstante, la Revolución Francesa fue alimentada por una idea similar, a pesar de que nunca fue implementada con éxito. Y las ideas de EEUU en cuanto a la libertad fueron siempre vistas como un trabajo en progreso, desde que el país negó esa libertad a una sección sustancial de la población. Hay que recordar que en 1860, Estados Unidos era inusual, si no excepcional, entre las naciones occidentales respecto al predominio extendido de la esclavitud.

Entonces, ¿qué hizo que Estados Unidos fuese verdaderamente excepcional desde el comienzo? Era un país que no estaba fundado en la raza, etnicidad o religión, sino en ideas. Y, crucialmente, esas ideas estaban abiertas a todos. Esta apertura a personas, ideas, culturas y religiones resultó en la creación de una nueva persona: el estadounidense. El gran historiador Gordon Wood explica su opinión acerca de la excepcionalidad estadounidense: “En un sentido importante, nunca hemos sido una nación en ningún significado tradicional del término... Nosotros, los estadounidenses, no tenemos una nacionalidad como otras personas... razón por la cual, por supuesto, podemos absorber inmigrantes más fácil que ellos”.

Otros países tienen Estados pequeños e impuestos bajos y hay varias democracias liberales, incluso repúblicas. Pero ningún otro país creyó desde el principio en la idea de la apertura y la mezcla de personas. Estados Unidos es una nación basada en la diversidad de razas, religiones y orígenes nacionales.

Hay esfuerzos para cambiar a Estados Unidos. Hay planes para introducir pruebas religiosas y étnicas para excluir a los inmigrantes e incluso a los visitantes, o para rastrear a los inmigrantes y a los visitantes una vez que llegan. Ha habido llamadas para deportar personas, incluso a ciudadanos estadounidenses. Hay propuestas para monitorear centros de adoración. Estas ideas fundamentalmente cambiarían a Estados Unidos, desgarrando su ADN fundador. Lo convertirían en un país similar a los otros del mundo y, por ende, EEUU se convertiría en otra nación en la cual ciertos grupos étnicos y religiosos son privilegiados y otros son considerados forasteros, donde la diversidad es una amenaza al carácter nacional y a la unidad, en vez de una fortaleza. ¿Y quién está proponiendo estos cambios? La última vez que verifiqué no fue Barack Obama.

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