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La lección de Valverde: ‘información seria’

Lo de Valverde no alcanza ni para ser denuncia si la materia de ella es inexistente.

La Razón Digital / Rubén Atahuichi

06:50 / 17 de mayo de 2016

El país aún no termina de conocer el desenlace del mayor culebrón de los últimos tiempos. A los datos que Gabriela Zapata logró imponer en la agenda de los medios de información, en la opinión pública y en las especulaciones políticas se ha sumado uno que parece cerrar las dudas, aunque también abrir una segunda etapa judicial del caso.

El mismo hombre que en el fragor del referéndum por una eventual repostulación del presidente Evo Morales cambió el rumbo informativo con una denuncia —que a estas alturas resultó una injuria o al menos un bochorno periodístico— sobre el affaire del mandatario con la mujer ahora dice que el hijo que “efectivamente” tuvieron ambos “no existe”.

Hace más de tres meses, Carlos Valverde, a título de investigación periodística, dijo que esa relación derivó en “tráfico de influencias”, en referencia a la función de Zapata como encargada comercial de la empresa estatal china CAMC, que tiene millonarios contratos con el Estado. “Sí hay un niño al que se hizo pasar como hijo pero no es hijo de la pareja citada”, escribió inicialmente ayer en Twitter y luego lo repitió en su programa de televisión en Santa Cruz, con base en “información seria”.

Valverde insistía hace 48 horas sobre su tesis y ante el fallo de una jueza que estableció la “inexistencia física comprobada del niño”. “(...) El caso de la señora Zapata seguirá ahí (extraño y curioso fallo el de la jueza, que determinó que ‘el niño no existe’ porque la señora no lo presentó)”, escribió el domingo en su columna titulada No alcanza de El Deber.

Al recular ayer sobre lo que develó en febrero, justificó que tuvo “acceso a información seria” para llegar a la conclusión de que el menor “no existe”. ¿Y no fue seria la información que dio origen al asunto polémico que aún pone en vilo ahora al país?

Lo cierto es que sus afirmaciones han derivado en un proceso judicial y la consiguiente detención de Zapata, una investigación en la Asamblea Legislativa, una agenda interminable en los medios de información y hasta el hastío de la opinión pública.

Ante la evidencia de la contradicción de Valverde —hace unos días renunció a su columna en El Deber por informar erróneamente que el dueño del diario, Pedro Rivero, había muerto— queda al menos una lección para el periodismo, por el mal ejemplo: la denuncia no es noticia en sí, es un insumo para la investigación.

Lo de Valverde no alcanza —parafraseándolo— ni para ser denuncia si la materia de ella es inexistente, salvo consideraciones subjetivas. El periodismo se alimentó de esa información de manera persistente durante tres meses, aunque habían cabos que atar que poco interesaron: la ausencia del niño —sí estaba la niña— en la intervención de la casa de Zapata, el enésimo anuncio de su presentación o la inexistencia del registro escolar (ante el cuestionamiento, Zapata dijo que tenía profesores particulares) o salida al exterior, la aparición de una “tía espiritual”, la indiferencia de la familia real, la injustificada resistencia de la joven a la prueba de ADN o la conminatoria de uno de los abogados de la acusada, Eduardo León, que le pidió a ésta presentar al niño.

La historia no termina, más con los anuncios de nuevos procesos a raíz del uso de otro niño en el caso.

Sin embargo, el periodismo debería asumir la lección con sensatez.

Y, cierto, Valverde quiso enseñar su forma de hacer periodismo en un post de su cuenta de Facebook, que ahora resulta la antítesis de sus primeras afirmaciones en el caso: “Goebbels, propagandista de Hitler, decía: Miente, miente, que algo queda”.

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