Columnistas

La sucesora

En Naciones Unidas no vence el mejor argumento, pero tampoco una simple hilera de misiles.

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Archondo

06:50 / 06 de junio de 2016

Naciones Unidas no es una entidad democrática en el sentido convencional de la palabra. Tan es así que contar allí con una mayoría de votos a favor de una opción es, a lo sumo, una frágil victoria consuelo.

En más de 20 ocasiones consecutivas, y la última vez con solo dos votos en contra, la Asamblea General respaldó la decisión de poner fin al bloqueo contra Cuba. Durante medio siglo nada se avanzó en esa ruta hasta que llegó Obama y empezó a desmontarlo por histórica mano propia. Frente a esos datos, hay quienes están persuadidos de que en Naciones Unidas rige una dictadura de cinco cabezas: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. Son los Estados con derecho a veto, es decir, los únicos contra los cuales nada se puede decidir. Basta uno solo de ellos para congelar cualquier iniciativa inconveniente a sus intereses nacionales.

A contramano de esa mirada pesimista, puede afirmarse que Naciones Unidas ha inventado un tipo de democracia que podríamos llamar de “rotaciones consensuadas”. No nos resulta familiar, pero tampoco es el club despótico que se denuncia. Rotar implica entregar la misma porción de poder a cada uno y hacerla circular en transiciones sucesivas. Al final de la ronda, todos han gobernado un poco y nadie puede quejarse por haber sido marginado. El esquema funciona con base en la capacidad de espera, pues “algún día te va a tocar”. En otras palabras, en Naciones Unidas no vence el mejor argumento, pero tampoco una simple hilera de misiles; triunfa aquel que espera paciente su turno en la fila.

Quien ya ha agotado, por ejemplo, una de las cartas que le fueron entregadas es Asia, que tuvo a Ban Ki-moon en la Secretaría General a lo largo de la última década. El turno es hoy de Europa del Este. Se habla insistentemente de una mujer, porque la búlgara Irina Bokova, actual secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y su compatriota Kristalina Georgieva, comisaria europea para el presupuesto y los recursos humanos, suenan como posibles designadas por el grupo.

Una democracia rotativa privilegia consecutivamente a uno solo de los miembros. Si Europa del Este converge en una postulación, la designación es automática. Ningún grupo regional tendría motivos para oponerse. Un consenso en el grupo a cargo del nombramiento determina además que haya un solo candidato. Las razones para que una europea del Este sea la sucesora crecen también, porque nunca hubo una entrega del mando mayor a esa región del planeta. Los otros grupos, Asia, África, América Latina y Europa occidental ya llenaron antes el puesto.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el grupo de turno no se pone de acuerdo en un solo candidato? Pues que no puede negarse el derecho de búlgaros, serbios o rusos de aspirar al cargo, solo que en este caso singular tendrían que competir. Cuando la democracia rotativa se daña, viene en su auxilio la del voto. Sin embargo, subsiste un pequeño detalle a considerar: el veto de los cinco vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

Quien quiera suceder a Ban Ki-moon tiene que eludir la tarjeta roja de cualquiera de ellos. Bienvenidos a la elección-infarto del año.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia