Columnistas

Separarse del mundo

Aunque digan lo contrario, los euroescépticos no quieren separarse de la UE, sino del mundo.

La Razón (Edición Impresa) / Lluís Bassets

07:31 / 13 de junio de 2016

Solo con la pérdida se conoce el valor de las cosas. ¿Qué sería para el mundo un Reino Unido fuera de la Unión Europea? Nadie se había planteado seriamente tal eventualidad hasta que David Cameron tuvo la ocurrencia de someterla a referéndum y las encuestas empezaron a girar en favor de los euroescépticos.

A la vista de las reacciones internacionales, el resultado no puede ser más concluyente. Si se descuenta a Donald Trump y a Marine Le Pen, casi nadie considera que el Brexit sea bueno para sus países respectivos. Nada sale tan valorado en la prueba como la posición singular del Reino Unido dentro de la UE y su capacidad para conectar desde esta posición con el mundo transatlántico e incluso la globalidad entera a través de sus antiguas colonias de habla inglesa de la Commonwealth.

El referéndum sobre el Brexit ha pillado a la UE en su peor momento, bajo la tensión de varias crisis acumuladas en torno a la moneda, los refugiados, el terrorismo o las fronteras con Rusia. A pesar de ello y de que el euroescepticismo sigue creciendo, los europeos ven mayoritariamente el Brexit como un mal negocio, según una encuesta del Pew Research Center en 10 países miembros de la UE. Donde más, en Suecia, donde un 89% considera que perjudicaría a la UE, y donde menos en Italia, donde la cifra solo llega al 57%.

La lista de gobernantes y responsables de instituciones internacionales que se han pronunciado por la permanencia es inacabable. Junto a las dificultades de los acuerdos de separación y la renegociación de tratados comerciales, el mayor desperfecto sería la carambola geopolítica. Se da por seguro que Escocia reabriría su contencioso, al que podría seguirle Gales, y quedaría dañado el marco de paz entre protestantes y católicos en Irlanda del Norte, conseguido en 1998 en el horizonte de unificación con la República de Irlanda que posibilitaba la integración europea.

También afectaría a las Malvinas y Gibraltar, territorios que sufrirían las consecuencias económicas de la desconexión del mercado único europeo y verían estimulada la reivindicación de la soberanía por parte de Argentina y España. Los intereses de los 53 países de la Commonwealth en la UE deberían contar con Chipre y Malta como únicos abogados en vez de la potencia británica. Esta consideración vale también para otros países con especiales relaciones con Londres, como es el caso de Israel, uno de los gobiernos más discretos, que solo han insinuado su posición de forma oficiosa. Es sonoro el diplomático silencio de Putin, con su política exterior nostálgica respecto al imperio perdido. Para Rusia, cuanto más débil sea la UE, mejor; una visión que no comparten otras potencias como China o India, abiertamente contrarias al Brexit.

Las élites mundiales están en contra, pero esto nada garantiza en el intenso momento populista que atraviesan las democracias occidentales.

Según palabras de Robin Niblett, director del prestigioso think tank Chatham House, no es la soberanía británica lo que está en juego en el referéndum, sino el futuro del Reino Unido en la escena mundial. Aunque digan lo contrario, los euroescépticos no quieren separarse de la UE, sino del mundo.

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