Columnistas

La espiral del silencio

Si nuestras opiniones difieren a las del resto, preferimos callar, a fin de ser aceptados socialmente.

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz

07:33 / 13 de junio de 2016

Los mecanismos de participación social en la formación de opinión pública son diversos y complejos, tan complejos como la psicología humana. La teoría de la espiral del silencio desarrollada por la alemana Elisabeth Noelle-Neumann explica que la mayoría de las personas tenemos miedo al aislamiento, por lo que, cuando expresamos nuestras opiniones, tratamos de conocer primero cuáles son las opiniones mayoritarias para ajustarnos a ellas, de manera que seamos aceptados y reconocidos socialmente. Si encontramos que nuestras opiniones son diferentes, preferimos callar, lo que impide cambiar los climas de opinión, y entonces callamos más. De ahí el nombre de espiral de silencio.Noelle-Neumann explica también que la principal fuente de información son los medios de comunicación y que éstos definen el clima de opinión sobre los asuntos que se tratan en sociedad. Los medios funcionan como difusores, pero también incrementan el poder de la opinión pública como control social de las opiniones divergentes.

Hay mucho más en esta teoría acerca de qué tipo de opiniones son más fáciles de cambiar, acerca de dolorosos aislamientos voluntarios y acerca de la formación de estos espacios comunes que nos permiten convivir y sentirnos parte de algo entre todos. Sin embargo, no voy a ahondar en este tema, solo voy a tomar esta parte para explicar un mecanismo de las redes sociales digitales y nuestra sensación de pluralidad en nuestros comportamientos dentro de ellas.

Tanto Facebook como Twitter y cualquier otra red social permite conectar a nuestros amigos, es decir, personas de redes sociales presenciales o virtuales previas con quienes compartimos opiniones similares. Los algoritmos de funcionamiento de estas redes sociales e incluso de buscadores como Google tienden a esto, a mostrarnos contactos e información cercana, familiar a los nuestros. A diferencia de los medios masivos cuyos mensajes se contrastan con los grupos de amigos y familiares, los mensajes que circulan en redes sociales no tienen un espacio cercano para contrastarlo, porque están constituidas por esos amigos y familiares, el resultado será que creamos que lo que vemos en el muro de nuestro Facebook o en nuestra cuenta de Twitter es “lo que la gente piensa” o “la opinión de la sociedad”, es decir, la verdad.

Ser conscientes de esta dinámica social nos permite ser más cautos al utilizar las opiniones que vemos en nuestras redes sociales como una prueba irrefutable de la verdad. Lo que leemos es tan solo la opinión de nuestro círculo incluso si existen algunas divergencias y debates en nuestros hilos de comunicación; por tanto, nuestras redes sociales adolecen de pluralidad.

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