Columnistas

Las relaciones con Rusia son imprescindibles

Los países occidentales no pueden negar la necesidad de mantener la cooperación con Rusia.

La Razón (Edición Impresa) / Alexey A. Sazonov

07:01 / 27 de junio de 2016

Nunca hemos buscado la confrontación con la Unión Europea, pronunciándonos siempre por un diálogo paritario y de mutuo beneficio. Rusia nunca ha dejado de mostrarse abierta a la más extensa cooperación estratégica, rumbo a la cual se alineó a finales de los 90. Sin embargo, ahora Bruselas suele señalar que Rusia ya no es su socio estratégico, aunque siga siendo un país de importancia estratégica.

Las relaciones internacionales viven hoy un momento crítico en su desarrollo vinculado con la consolidación de una nueva arquitectura policéntrica. El fortalecimiento de nuevos centros de fuerza e influencia así como el deseo natural de los pueblos de determinar su futuro independientemente son una tendencia objetiva, que refleja la diversidad cultural y civilizatoria del mundo actual. Al mismo tiempo, crece la concurrencia global cuyos resultados determinarán la futura configuración del orden mundial.

En medio de la agudización de la amenaza terrorista, la profundización de conflictos regionales, la inestabilidad de la economía mundial, se siente cada vez con más fuerza la intención de nuestros socios occidentales, encabezados por EEUU, de conseguir la hegemonía global cueste lo que cueste. Los últimos acontecimientos han puesto en relieve que tales cálculos son ilusorios. Es evidente que un Estado, hasta el más potente, o un grupo de países no pueden optar por resolver de manera independiente los múltiples problemas de la actualidad.

En estas condiciones, gozan de demanda los esfuerzos diplomáticos conjuntos basados en la igualdad de los actores internacionales, con el fin de encontrar respuestas oportunas a los desafíos y amenazas comunes de gran escala. Rusia es fiel a esta filosofía y actividad en el ámbito de política exterior, defendiendo los intereses nacionales cuando EEUU y sus aliados intentan crear un “frente de disuasión” antirruso, según el modelo de la Guerra Fría. Empero, ellos ya no pueden rechazar la necesidad de mantener la cooperación con Rusia, cuya postura sobre los temas de acuciante actualidad goza de un gran apoyo.

Promovemos la agenda unificadora en la ONU, los BRICS, la OCS, el G20 y otros formatos multilaterales, contribuyendo a equilibrar la política mundial. Siempre estamos dispuestos a desarrollar la cooperación mutuamente ventajosa con todos los Estados y sus alianzas integracionistas que manifiestan un similar interés recíproco. Nadie debe dudar de que cualesquiera que sean las condiciones garantizaremos la seguridad de nuestro país y de nuestros ciudadanos.

Vemos que continúan la presión sobre nosotros y los intentos por desatar una campaña antirrusa, con el fin de forzarnos a renunciar respecto a los enfoques morales fundamentales inherentes al orden mundial. Es evidente también el deseo de reforzar la disciplina transatlántica a cuenta de nosotros, además de socavar las posiciones de Rusia en los mercados de hidrocarburos y armas.

No tenemos la intención de dejarnos arrastrar a una confrontación con EEUU, con la OTAN o con la Unión Europea. Es evidente que estas costumbres de confrontación, juegos geopolíticos sin resultado, solo frenan los esfuerzos dirigidos a conseguir un desarrollo sostenible del mundo y generan crisis similares a la de Ucrania. Vemos cómo es aprovechada esta circunstancia para desplazarnos económicamente del mercado europeo y al mismo tiempo para fomentar la solidaridad de los países de la OTAN. Será que necesitan un enemigo común para seguir adelante.

Estamos convencidos de que todas estas situaciones de crisis se arreglarían más fácilmente en caso de superar los defectos fundamentales en el ámbito de cooperación paneuropea y eliminando las líneas divisorias que quedan. Exhortamos a aplicar esfuerzos para crear un espacio económico y humanitario común desde el océano Atlántico hasta el Pacífico basado en la arquitectura de seguridad igual e indivisible. Un paso importante en esta dirección será la armonización de los procesos de integración europea y eurasiática.

Estoy convencido de que la crisis actual ha de ayudar a que nosotros y la UE nos aclaremos sobre cómo continuar. No nos ofenderemos ni nos aislaremos, dado que la Unión Europea es nuestro vecino e importantísimo socioeconómico y comercial. Estoy seguro de que el desarrollo de los más variados vínculos en la esfera de la economía, la política, la cultura y la seguridad corresponde con los intereses más añejos de los pueblos ruso y europeo.

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