Columnistas

Esa libertad de expresión

El primer llamado a sostener periodísticamente la denuncia es el mismo Vacaflor.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Atahuichi

07:03 / 09 de agosto de 2016

No recuerdo un proceso judicial que personalmente el presidente Evo Morales haya instaurado contra un periodista como el que ahora enfrenta Humberto Vacaflor, polémico y acérrimo detractor del Mandatario.

“AMENAZA MAZISTA. Evo Morales me inicia un juicio penal. Quiere pasar por encima de la Ley de Imprenta. ‘PERDER LA LIBERTAD ES DE BESTIAS’ (sic)”, escribió el hoy acusado el 28 de julio en Twitter.

Vacaflor comentó que Morales “ordenó” el asesinato del teniente David Andrade y su esposa durante un conflicto entre el Gobierno y los cocaleros en el Chapare, en 2000. “Desde que me enteré que él (Morales) ordenó el asesinato de los esposos Andrade, yo jamás le hubiera dado la mano”, dijo en el programa Encontrados, de Católica Televisión.

Ante esa declaración, los abogados del Presidente acusaron al periodista de calumnia y difamación, cuyo proceso penal está instalado ahora en el Juzgado 3° de Sentencia en lo Penal de La Paz.

No es la primera vez que Vacaflor se refiere a Morales con ese tipo de acusaciones. Uno de los episodios más polémicos de sus diferencias con el Presidente fue registrado en su columna periódica en 2008, cuyo título era Nosotros, los sucios, que había escrito a propósito del constante ataque presidencial a los periodistas, que —por cierto— no cesa.

Solo para recordarlo lo transcribo. “Nosotros, los sucios periodistas, no somos narcotraficantes, como en cambio lo es el presidente Evo Morales.

El actual Presidente envía pasta de coca a su colega Hugo Chávez, quien lo dijo el 6 de enero de este año en un discurso. Dijo que consume pasta de coca que le provee Evo Morales todos los días. Enviar droga al exterior es hacer tráfico de drogas. Y quien hace tráfico de drogas es un narcotraficante”. Y más.

Entonces no fue fácil comprender tan graves alusiones, por no decir difamaciones, de parte de quien se había dicho un periodista de “50 años en el oficio”. Pero fue así de fácil.

Cualquier mortal espera de tan fuertes develaciones grandes titulares y coberturas periodísticas. No es serio que un dato de ese calibre quede solo en una columna.

Ahora, que Morales “ordenó” el asesinato de los esposos Andrade es más noticia que denuncia. La noticia es producto procesado con rigor y la denuncia, solo un insumo.

Como tal, la denuncia debería tener el tratamiento que corresponde, y el primer llamado a sostenerla periodísticamente es el mismo Vacaflor, al influjo de su experiencia, los premios que le concedieron y las normas de ética que rigen el oficio que —seguro— conoce.

Dirán que Filemón Escóbar lo corroboró en su condición de antiguo mentor de Morales y testigo confeso de la supuesta reunión en la que se decidió el asesinato de la pareja. Pero es un “dice que dice” que Vacaflor no consideró abordarlo como periodista que se precia de tal.

Es discutible si lo suyo es un caso que se ampare en la Ley de Imprenta. Si bien declaró en su condición de periodista, sus palabras no son noticia en sí. Pero, en aras de preservar el espíritu de la libertad de expresión, hasta la ley —tan sabia— puede derivar su situación en un caso ordinario, según establece en su artículo 28.

La polémica está servida. Una discusión sensata sobre el caso podría  establecer los límites de esa libertad de expresión, en la que también incurre de manera sistemática el propio Morales. ¿Algún periodista será capaz de decirle a Vacaflor que lo suyo no es periodístico? ¿O lo es?

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