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‘Pata de mono’

¿No es este cuento una lección sobre el denominado fetichismo de la mercancía?

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

09:43 / 15 de agosto de 2016

Pata de mono es un cuento escrito por W.W. Jacobs. Borges lo consideraba un cuento sobre los deseos y el trasfondo de lo que se desea. El cuento narra la historia de un amuleto, una pata de mono, que tiene la facultad de conceder tres deseos. Si bien cada deseo se cumple, lo hace de una manera terrorífica.

En el cuento el señor White pide a la pata de mono su primer deseo: 200 libras. Una vez que pide el deseo él espera ver el dinero caer del cielo o encontrarlo mágicamente en su bolsillo, pero no. A la mañana siguiente, mientras la familia White desayuna, un hombre se presenta a la puerta de casa, y se produce la siguiente conversación: “La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida. Le ruego que comprenda que soy tan solo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron. Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niega toda responsabilidad en el accidente. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada. El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto? —Doscientas libras, fue la respuesta”.

Lo dramático viene después. La señora White exige a su esposo un nuevo deseo: que el hijo vuelva a la vida. Sin darse cuenta, pide un muerto con vida: “Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo. Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera, y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón. El camino estaba desierto y tranquilo”. ¿No es este cuento una lección sobre el denominado fetichismo de la mercancía?

Marx señalaba que en el comercio en el cual se ha puesto a la venta una mercancía no se muestra cómo se fabricó esa mercancía. Es decir, se oculta a los ojos del consumidor la explotación de la que son víctimas los obreros que producen esas mercancías. Por ejemplo una pelota de fútbol FIFA no muestra en su publicidad la situación de los niños indios, pakistaníes o tailandeses que hacen esas pelotas.

Pero, ¿no es acaso más radical la reflexión de Borges?, recordemos que para el escritor argentino, Pata de mono era un cuento para reflexionar el trasfondo de lo que se desea. En Marx hay una ocultación de la explotación en la mercancía, pero en Borges hay algo mucho más tremendo: se sabe que sucederán cosas terribles en cada deseo, pero no hay ocultación, sino una especie de goce en la espera sobre lo terrible que va a suceder.

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