Columnistas

De Presidente a Presidente

Un asunto de soberanía nacional es altamente potable para los propósitos políticos.

La Razón Digital / Rubén Atahuichi

06:35 / 23 de agosto de 2016

José Miguel Insulza, el agente chileno ante la demanda boliviana en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), acaba de manifestar su predisposición de ser candidato de la Nueva Mayoría, la alianza de la presidenta Michelle Bachelet, para la presidencia de su país.

“Algunos dicen ‘lo estoy pensando’. Mi actitud es otra, yo estoy disponible”, dijo el sábado en una entrevista con el diario El Mercurio.

Su irrupción en la campaña por las elecciones de 2017 coincide con la apertura de su cuenta en Twitter, desde la que ha dicho algunas cosas por competir con otros contendores de su frente político. Y, con mucho afán, para hacerle frente al presidente Evo Morales, que en las últimas semanas ha usado esa red social para polemizar con el agente Insulza y otras autoridades chilenas.

Fiel a su estilo, Morales se fue de frente en contra de quien alguna vez dijo que era su amigo. En una serie de tres tuits alusivos al agente chileno, el Presidente reclamó diálogo con Chile y recordó que entre Bolivia y aquel país hay asuntos pendientes. “¿Será que no tienen argumentos para resolver temas pendientes, o será que nunca quieren resolver temas históricos?”, preguntó en uno.

El tercero dio en el clavo: “¿O será que el hermano Insulza quiere dialogar de presidente a presidente y no como agente?”, escribió Morales.

Más allá de evidenciar los afanes de Insulza, el Presidente pone en cuestión la legitimidad de las actuaciones del funcionario de la Cancillería de Chile, entre su rol de defensa de los intereses de su país —que, lógico, depara réditos— y su propósito de sucederle en la primera magistratura a Bachelet, afectada actualmente con el nivel de percepción más bajo de su popularidad, el 19%, desde la primera de sus dos gestiones.

El sistema político chileno sufre en estos momentos los más bajos niveles de aprobación y confianza de parte de la ciudadanía. A decir del mismo Insulza en la entrevista, la caída de la confianza de la gente en los políticos de su país “ha tenido un impacto muy fuerte” y no hay político que supere el 50% de aprobación. Insulza apenas ronda el 33%.

En situaciones así, un asunto de soberanía nacional es altamente potable para los propósitos políticos. Y en Chile lo saben muy bien. Así, cualquier discusión racional parece ser insulsa, y los enconos tienden a acentuarse más, por la naturaleza misma de las divergencias binacionales.

Si bien la diplomacia es la que precisamente no tuvo resultados en la discusión de tantos asuntos entre ambos países, menos va a incidir en estas circunstancias políticas. Morales y su gobierno han encauzado una política de Estado respecto de la demanda marítima cuyos éxitos iniciales son la instauración de un juicio en la CIJ y el consiguiente posicionamiento internacional del asunto nacional.

Comprendiendo las connotaciones electorales en las actuaciones de las autoridades chilenas respecto de Bolivia, ¿no será mejor para La Paz concentrarse en el proceso judicial? Vaya a saber uno si la confrontación verbal es también parte de una estrategia, a juzgar por su persistencia.

Lo cierto es que, con la confesión de Insulza, todo lo que venga de parte de este funcionario sobre el asunto será entendido como electoral. Sus respuestas o declaraciones altisonantes no deberían causar reacciones en Bolivia, considerando que, al margen del juicio, lo que se pretende es el diálogo. Allí sabrán capitalizar este impulso para consumar quizás ese diálogo “de Presidente a Presidente”.

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