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Tasas de interés negativas

El propósito de esta medida es fomentar a que los bancos comerciales presten recursos.

La Razón (Edición Impresa) / Armando Álvarez

08:49 / 28 de agosto de 2016

La tasa de interés es una variable monetaria que los bancos centrales suelen gestionar para impulsar o regular una economía. Cuando las tasas de interés bajan, las empresas y personas deberían prestarse más a fin de incrementar la inversión y el consumo, lo que debería impulsar la actividad económica. Por el contrario, cuando las tasas de interés suben, las empresas y las personas tienden a prestarse menos, con lo que la inversión y el consumo disminuyen regulando así la actividad económica.

Debido a la crisis de 2008, el Banco Central Estadounidense (FED) y otros bancos centrales redujeron sus tasas de interés de referencia a niveles cercanos a 0%, con el propósito de impulsar la inversión y el consumo en sus respectivas economías, cosa que no sucedió. Ante esa situación, la FED, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BDJ) implementaron adicionalmente medidas no convencionales (denominadas flexibilización cuantitativa) como la impresión de moneda local para adquirir bonos soberanos emitidos por esos países y otros activos para reducir las tasas de interés a largo plazo e inyectar masivamente liquidez en sus respectivas economías, a fin de (nuevamente) incentivar la inversión y el consumo. En Estados Unidos la medida dio resultado, razón por la cual, la FED dejó de aplicarla a fines de 2014 e incluso comenzó a subir la tasa de referencia en diciembre de 2015; pero no viene dando los resultados esperados en la eurozona ni en Japón, cuyos bancos centrales están aplicando complementariamente tasas de interés negativas para los depósitos que los bancos comerciales realizan en esos bancos centrales (los bancos comerciales deben pagar al BCE y el BDJ por los depósitos que realizan). El propósito de esta medida es fomentar a que los bancos comerciales presten recursos en lugar de mantenerlos en los bancos centrales.

Pero las empresas y las personas tenderán a prestarse si tienen la expectativa de que la situación económica va a mejorar, porque si no tienen esa expectativa, por más que el costo del dinero sea bajo, no verán mucho sentido en endeudarse. En la eurozona, la crisis y las medidas de ajuste aplicadas por varios países que la componen a fin de reducir sus elevados déficits fiscales han contraído la actividad económica, incrementado el desempleo y dejado a muchas empresas con capacidad ociosa, por lo que no existen condiciones para que las empresas y personas se presten. Por otra parte, la aplicación de la flexibilización cuantitativa ha inundado de liquidez a los bancos que no pueden colocarla en préstamos, por lo que algunos bancos europeos están optando por no pagar intereses a los ahorristas e incluso les cobran por recibir sus ahorros.

Frente a esta situación, los ahorristas e inversionistas están optando por guardar su platita en el colchón bank o buscar alternativas de inversión que les otorguen mayores retornos, pero también con mayores riesgos. Un claro reflejo de esta situación son los flujos de inversión que viene recibiendo Brasil a pesar de las crisis económica y política por las que atraviesa. Similar efecto se observa en otras economías emergentes que, afectadas por la caída de los precios de las materias primas, ofrecen retornos atractivos. Sin embargo, se trata de flujos que están buscando oportunidades de corto plazo, y así como llegan se pueden ir, con las consecuencias que ello puede ocasionar a la ya frágil situación que enfrentan esas economías.

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