Columnistas

Mil ojos y oídos

Con internet se rompe el monopolio de la producción de mensajes y se lo abre a la ciudadanía.

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz

06:48 / 05 de septiembre de 2016

La posibilidad de presenciar eventos públicos sin estar físicamente en el lugar se hizo posible en alguna medida con la radio. La sensación era maravillosa, el rito social era reunirse alrededor del equipo de radio para escucharla en grupo. Lo mismo pasó con la televisión, que permitió que la experiencia se enriqueciera y multiplicara. Y ahora, la experiencia se hace incluso más compleja con internet. Pero hay varias diferencias entre lo que posibilita la radio y la tele, por un lado, e internet, por otro. En el caso de la radio y la televisión se requiere de profesionales que recuperen los audios e imágenes, los editen y publiquen; esto hace que la oferta sea restringida.

En cambio, con internet y la web 2.0, se rompe el monopolio de la producción de mensajes y se lo abre a la ciudadanía. Entonces, esta posibilidad de “estar” en varios lugares, de mirar y escuchar muchos acontecimientos se multiplica, porque los productores potenciales podemos ser todos. Y de hecho, muchas de las imágenes y audios más impactantes difundidos masivamente suelen ser registrados por usuarios, ya que ningún medio tiene la capacidad de estar en todo lugar, de tener mil ojos y oídos, viendo, escuchando y grabando todo.

La sensación de poder ver imágenes desde ángulos imposibles es maravillosa, aunque también puede ser desagradable a veces. Esto ha pasado con el caso del video del juez anticorrupción Marcelo Barrientos, quien fue filmado por una clienta regateando el precio de una coima. Si bien entendemos que existe corrupción, no tenemos la oportunidad de verla en su crudeza todos los días. Esto nos alerta acerca de posibles prácticas que podríamos enfrentar en el trato con un juez, pero también nos conduce a generalizaciones injustas en algunos casos.

Otro caso que nos muestra la posibilidad del acceso a esta suerte de hiperinformación es el lamentable caso de la muerte del exviceministro Rodolfo Illanes. Me pregunto acerca de los efectos sociales del acceso masivo a videos de las últimas horas de esta autoridad. Por un lado, satisface un morbo y convierte este tremendo evento en un producto de consumo del cual hablar con los compañeros de trabajo y con la familia, banaliza la vida humana, la faranduliza, lo que no me parece para nada beneficioso.

Buscando un lado más positivo, da acceso a detalles que podrían ser utilizados para ejercer control social de las decisiones que sean tomadas en este caso, y claro, esto me parece útil para el desarrollo social.

¿De qué manera consumimos esas imágenes? ¿Para satisfacer morbos o asumiendo un rol ciudadano de control social? ¿O de ambas formas? No lo sé, solo puedo decir que en mi retina ha quedado una imagen que atemoriza y lastima.

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