Columnistas

Derecho y poder

La crisis de la Justicia no es una crisis de las instituciones jurídicas, sino del ejercicio de poder.

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

06:32 / 24 de octubre de 2016

En una conversación entre los filósofos franceses Gilles Deleuze y Michel Foucault sucedida a comienzos de los  70, este último señala que en los grandes momentos de crisis de la Justicia (es decir de crisis de credibilidad en los jueces, corrupción en los tribunales y abusos en las prisiones) lo que él percibe no es el pedido de mejora del funcionamiento de la institución judicial, sino la denuncia de un ejercicio abusivo del poder. Y no es que antes de la visibilidad de este ejercicio abusivo del poder existiera un ejercicio no abusivo, sino que hasta antes de ese momento el Derecho y sus instituciones hacían pasar ese ejercicio abusivo como algo normal, es decir que se justificaba y, con ello, se legitimaba el ejercicio de poderes tan abusivos y mórbidos como el de la cárcel. No debe olvidarse que cuando Foucault protagoniza esta conversación estaba por crear un grupo de información sobre las cárceles llamado GIP, por sus iniciales en francés.

Pero volvamos a la conversación entre Deleuze y Foucault. La crisis de la Justicia no es una crisis de las instituciones jurídicas, sino del ejercicio de poder, el cual se vuelve escandalosamente abusivo, visible y cínico, imposible de ser contenido por el discurso leguleyo del Derecho. Si bien se pensará que el problema trata sobre la necesaria reforma del discurso jurídico, lo que se pone en cuestión no son en sí las instituciones jurídicas, sino las prácticas y las maneras en las que se desarrolla el poder. No es el Derecho lo que está novedosamente mal (en realidad siempre lo estuvo), sino son las prácticas las que visibilizan lo irracional del sistema jurídico.

Tanto para Deleuze como para Foucault el poder es algo relacional, algo que fluye. Nadie, hablando con propiedad, es su dueño. El poder, si existe, es en acto. Dicho de otra manera: el poder se ejerce. Por ello, el ejercicio de poder puede rebasar el camino predeterminado de su práctica, y en ese rebalse debido a su ejercicio, volverse obsceno y terriblemente visible. Eso trae una vez más la reflexión hecha antes. No es que el ejercicio de poder alguna vez haya sido amable, sino que la predeterminación de su flujo lo hacía tolerable —o justificadamente legal—. Pero cuando el ejercicio de poder sobrepasa esta predeterminación y, en consecuencia, se vuelve obscenamente visible, la resistencia al mismo tendrá como punto de partida una denuncia al sistema judicial y los extraños pedidos de reforma a la Justicia.

El libro que contiene esta conversación entre Deleuze y Foucault se titula en español justamente Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones (editorial Alianza) y, a mi parecer, se trata de un texto central para la enseñanza del Derecho.

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