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Al principio, era el ciudadano…

Mucha agua ha corrido bajo el puente, y hoy el Estado avasalla al ciudadano en casi todo el mundo.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

06:37 / 07 de noviembre de 2016

Antes que ningún otro sitio de Estados Unidos, en la taberna de Roland Proulx (Millsfield), una pedanía cerca de la frontera con Canadá, se votará para presidente en las elecciones estadounidenses del martes 8 de noviembre. Los 30 vecinos están llamados a esa urna, en aquel pueblito que es uno de los tres diminutos enclaves, junto con Hart’s Location y Dixville Notch, del norte del estado de New Hampshire, que tiene la peculiar potestad de votar en la medianoche del día D.

New Hampshire es un estado próspero y pequeño, que figura entre los más permisivos en muchas materias, y con menor presión fiscal, haciendo honor a su lema oficial: vive libre o muere. Allí, con esta libertad, se entiende una rareza electoral como la de sus pueblos de las Montañas Blancas. Es también un estado clave en estos comicios y allí, como era de esperarse, tiene un fuerte arraigo el movimiento libertario que no tiene chances en el ámbito nacional, según las encuestas, lo que es de lamentar, ya que, sin ser ideal, es el único serio de los candidatos en danza. Existe cierta rivalidad entre los tres enclaves sobre cuál acaba primero y Dixville Notch lleva las de ganar, ya que solo tiene 12 habitantes.  

Ahora, cuenta Carlos Mira que, desde 1845, la legislación en Estados Unidos estableció una original fórmula para definir la fecha de los comicios, ya sean presidenciales o de medio término: deben realizarse el primer martes después del primer lunes de noviembre. A ver, empecemos por el principio.

Mientras que la colonización española en América fue técnicamente una invasión militar, en el norte se establecieron ciudadanos que privada e independientemente migraron (básicamente por motivos religiosos) desde Inglaterra y se instalaron en territorio americano. Luego llegaron las tropas inglesas que, finalmente, fueron echadas por las americanas.

Así, el espíritu fundador del norte de América fue distinto: eran comunidades de ciudadanos privados con una fuerte influencia religiosa. Mientras que en América Latina la invasión militar estableció claramente que era el Estado el que se imponía sobre los habitantes. Hoy, en países como Argentina, se obliga a los ciudadanos a votar, como se los obliga a muchas otras cosas, tal como a personas sometidas militarmente, por no decir esclavos.

En Estados Unidos vota quien quiere hacerlo y, de hecho, la cantidad de votantes ronda el 50%. Esa legislación de hace 171 años, para empezar, decidió que las elecciones fueran en noviembre debido a las temperaturas templadas. Además, deben celebrarse “el primer martes después del primer lunes de noviembre” debido a que las personas, los ciudadanos libres, son anteriores al Estado y éstos, los fines de semana, deben dedicarse al descanso y el culto religioso.

Por cierto, no podía ser un lunes, porque para muchos implicaría emprender el domingo una travesía hasta el lugar de voto. Pero tampoco podía ser el primer martes de noviembre por dos motivos. Por un lado, el 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, de alto significado religioso y, por tanto, no se podría realizar en esa fecha, aunque fuera martes; y luego, durante los primeros días del mes, los ciudadanos solían ocuparse de sus negocios —superiores al Estado— como cerrar las cuentas del mes anterior. En fin, mucha agua ha corrido bajo el puente, y hoy el Estado avasalla al ciudadano en casi todo el mundo... de eso viven los políticos.

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