Columnistas

Adiós 2016

Se puede decir que en la región se están sembrando tormentas para cosechar tempestades.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

09:14 / 02 de enero de 2017

Sin ninguna pena despedí el pasado 2016, ya que mi recuento no fue del todo positivo. Sin duda no faltaron las pequeñas alegrías, sin embargo, éstas no lograron hacer contrapeso a la larga lista de malas noticias del año viejo.

Encabeza esa lista la muerte de Fidel Castro, marcando el fin de un ciclo de líderes revolucionarios portadores de una utopía. Le sigue Umberto Eco, el escritor y filósofo italiano que nos decía “No hay nada mejor que imaginar otros mundos para olvidar lo doloroso que es el mundo en que vivimos”. Y luego perdimos a Prince con su inolvidable Purple rain, desafiando nuestra idea de que los genios son eternos. Para colmo lo acompañaron David Bowie, llevándose también a Ziggy Stardust y George Michael, dejándonos tan solo su inmortal interpretación de Somebody to love. Un homenaje especial, con tequila de por medio, mereció la partida de Juan Gabriel.

En política internacional solo tenemos más malas noticias. La devastación de Alepo será el símbolo del terror de la guerra que deja “la cuna de la humanidad” en cenizas. Mientras tanto, en el mundo occidental, el brexit declara la muerte a la globalización tal como la conocemos y Europa celebra su retorno a los viejos partidos conservadores. Los Tories, con mayoría camaral, gobiernan el Reino Unido; el Partido Popular, con Mariano Rajoy, rige España; y la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) va por su cuarto mandato consecutivo con una Angela Merkel mucho más fuerte frente a los desafíos de la crisis migratoria y el terrorismo.

Las próximas elecciones en Francia no traerán buenas noticias, ya que las encuestas dan por sentado que ganará la derecha o la ultraderecha. Italia, tras la renuncia de Matteo Renzi, también girará a la derecha. Ante este escenario europeo, Víctor Lapuente, columnista de El País, afirma: “Debajo de todas las playas europeas habrá adoquines”.

En el continente americano usted elija cuál fue la peor noticia de 2016. Le propongo tres, y la verdad, no sé cuál es peor. El rechazo en el referéndum del Acuerdo de Paz en Colombia, impulsado por sectores cercanos al expresidente Álvaro Uribe; la destitución de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, a través de un juicio político conducido por parlamentarios involucrados en escándalos de corrupción; o la sorprendente victoria en Estados Unidos de Donald Trump, a pesar de sus posiciones racistas, misóginas y xenófobas. Se diría que en la región se siembran tormentas para cosechar tempestades.

En casa las cosas no van mejor. Tal parece que la institucionalidad se nos cae como castillo de naipes y nos habita un profundo desamparo. Cuando se destaparon los hechos de corrupción del Fondo Indígena, algunos cándidos pensamos que se trataba de un hecho aislado y que pronto se esclarecerían las culpas. Ya hace dos años de las denuncias sobre el mal manejo del Fondioc y todavía no quedan claras las responsabilidades. Y desde entonces solo acumulamos certezas sobre la desinstitucionalización del país. En el último trimestre de este año tres eventos delatan las fallas estructurales de la Bolivia plurinacional: la crisis del agua, el accidente aéreo de LaMia y la suspensión de la venta del SOAT. Los tres casos nos develan procesos deficientes, responsabilidades indefinidas y la sospecha de que el sistemático incumplimiento de deberes trae como consecuencia problemas sociales de magnitud.

Por todo lo anterior, 2016 no fue un buen año; si alguno me califica de pesimista, recuerde las palabras de José Saramago: “Yo no soy pesimista. Mire usted al mundo y dígame cómo lo ve”.

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