Columnistas

Elefantes negros

Es más fácil mirar a otro lado y culpar a la  naturaleza por los impactos negativos causados por el hombre.

La Razón (Edición Impresa) / Natalia Calderón Angeleri

06:58 / 24 de enero de 2017

El ambientalista Adam Sweidan ha creado el concepto de “elefante negro”, un cruce entre dos metáforas: el “elefante en la sala” (un problema que es visible para todos pero que nadie quiere mencionar y mucho menos hacer algo al respecto) y un “cisne negro” (un evento inesperado o improbable con amplias consecuencias e impactos). Desde esta perspectiva, el elefante negro sería un acontecimiento que es perfectamente previsible, pero cuyas causas son ignoradas hasta que sucede y, finalmente, se lo aborda como si se tratase de un cisne negro.

El cambio climático es un clásico ejemplo de elefante negro. La evidencia científica es inequívoca, y la influencia humana en el sistema climático es clara. Sin embargo, aún son muy pocos los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarnos a los impactos del calentamiento global, es más fácil mirar a otro lado y culpar a la inclemencia de la naturaleza por los impactos perjudiciales causados por la misma humanidad.

El 2016 en Bolivia hemos experimentado una estampida de elefantes negros: la desaparición del lago Poopó; el aumento de los incendios forestales, principalmente en Beni y Santa Cruz; las severas sequías, que en el oriente boliviano dejaron millonarias pérdidas en el sector agrícola, escasez de agua en la ciudad de La Paz, el récord de aumento de la temperatura, entre otros. Todos estos casos fueron tratados como eventos imprevisibles, es decir, como cisnes negros, poniendo en evidencia que, como país, no estamos lidiando con las causas detrás de estos fenómenos en la escala y el sentido de urgencia necesarios.

Actualmente muchos elefantes negros están durmiendo en nuestros bosques y en nuestras ciudades. A pesar de los progresos para incluir la dimensión de cambio climático en la planificación integral del territorio nacional, los esfuerzos para materializar los planes en acciones concretas y el financiamiento para la adaptación a los impactos del cambio climático aún son insuficientes. Asimismo debemos reconocer nuestro rol individual en las causas y en las soluciones de los problemas ambientales de nuestro país.

Una vez que logremos cambiar nuestro pensamiento, encontraremos que muchas soluciones para enfrentar el cambio climático ya han sido diseñadas y están siendo implementadas por personas innovadoras, comunidades campesinas e indígenas, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos locales, entre otros. Actuar hoy es la mejor oportunidad que tenemos para revertir la degradación del planeta. Con un cambio en la conciencia y la cooperación entre diferentes actores y diferentes sectores, con un sentido amplio de colaboración, podemos llevar pacíficamente a este elefante negro fuera de la sala.

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