Columnistas

Lo plurinacional de las autonomías indígenas

Charagua Iyambae es el caso más alentador y esperanzador para las autonomías indígenas.

Yuri Tórrez

07:00 / 24 de enero de 2017

Bolivia, país de indios. Sí, pero, excluidos. En la República, casi como si fuera un legado perverso de la Colonia, los indios permanecieron en los bordes del poder. Paradoja: un país mayoritariamente compuesto por indios estaba gobernado por una élite criolla/mestiza, amparada en un constitucionalismo legitimador. Así, los indios, por los siglos de los siglos, permanecieron marginados.

La necesidad de trastocar un constitucionalismo republicano caduco se convirtió en una larga cruzada. Eran tiempos de la Asamblea Constituyente, de refundación estatal de Bolivia. Como si se tratase de ecos provenientes de pututus surgieron vientos transformadores, venidos de las entrañas de las organizaciones campesinas-indígenas. Si, allí, se parió la idea del Estado Plurinacional.

Las autonomías indígena originario campesinas (AIOC) se erigieron como el núcleo constitutivo, el corazón desde donde debía latir el Estado Plurinacional. La configuración de las AIOC no se limitaba a la redistribución del poder de decisión y de recursos para su administración local-comunitaria, era algo más trascendente históricamente: el ejercicio de los derechos de autodeterminación y de autogobierno. Quizás aquí se encuentra el sentido histórico del Estado Plurinacional; aquel contra el cual los opositores conservadores siguen despotricando a doquier y con creces a los cuatro vientos. La izquierda radical todavía no comprende el sentido político de las AIOC, por cuanto no encaja en sus cánones teóricos eurocéntricos. Y finalmente, el Gobierno expresó su poca voluntad política para apoyar la implementación de estas autonomías, por considerarlas una amenaza en ciernes, ya que les restaba parcelas en su lógica hegemónica de poder.

Mientras tanto, los indígenas, contra viento y marea, siguieron en la cruzada en pro de su autodeterminación y autogobierno, con diversos resultados. El más alentador, como una señal para que la esperanza no se marchite, es la autonomía indígena de Charagua Iyambae. Allí los guaraníes, a pesar de las trabas impuestas y el azaroso camino recorrido, a principios de 2017 hicieron marchar el primer autogobierno indígena constitucionalizado de América Latina. Charagua Iyambae trazó el camino, Raqaypampa y Urus Chipaya son las próximas AIOC. Quizás aquí está el mejor argumento para festejar los ocho años del Estado Plurinacional.

Entre tanto, el Gobierno se vanagloria de los éxitos económicos del denominado “proceso de cambio”. Los indígenas, desde abajo, saben de la importancia histórica para su propio devenir de las AIOC: un derrotero para plasmar in situ la demodiversidad, que por ejemplo elucubró Buenaventura de Sousa a través de la democracia comunitaria.

En una reciente publicación, José Luis Exeni advierte que con las AIOC se reposicionó otras asignaturas pendientes: la plurinacionalidad, la democracia intercultural, el pluralismo jurídico, la descolonización, las alternativas al desarrollo, la despatriarcalización... Varios de estos temas quedaron rezagados de la agenda política. Reactivarlos cobra urgencia en el contexto, a fin de recuperar aquellos fundamentos esgrimidos por los indígenas para entrever el horizonte de lo plurinacional.

Más allá de la estridencia de los fuegos artificiales, el mejor homenaje a los ochos años del Estado Plurinacional es recuperar la mística originaria de este proceso político. Quizás aquí estriba la relevancia del andar —aunque lento— de las AIOC y su significación histórica (todavía) para los pueblos indígenas.

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