Columnistas

La carnavalización

El carnaval es rico en imágenes germinadas de acuerdo con la ley de contraste-similitud, unidas a la risa.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

09:13 / 19 de febrero de 2017

La RAE define la novela como un género literario narrativo que, con precedente en la antigüedad grecolatina, surge en la Edad Moderna.Más allá de esa definición, corrientes de la teoría literaria plantean tres raíces principales que nutren al género novelesco: la epopeya, la retórica y el carnaval.

Abordaré la última por la coyuntura del festejo mundial de origen pagano y recuperado en la Edad Media, que se da antes del inicio de la cuaresma cristiana, finalizando con el Miércoles de Ceniza.

Si bien el carnaval no es un fenómeno literario sino una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual —en el que reina lo anormal, se multiplican las confusiones y profanaciones, la excentricidad y la ambivalencia— y cuya acción central es la coronación paródica, pues acepta y celebra el mundo al revés, es rico en imágenes germinadas de acuerdo con la ley de contrastes o de similitudes, unidas a una risa universal y cosmogónica, dándose en la plaza pública y en sus calles adyacentes.

Ésta es, pues, la transposición del carnaval en literatura que Mikhail Bakhtine, crítico posformalista ruso, llamó carnavalización. Esta corriente carnavalesca en la literatura, defendida por él, propone el estudio de una nueva zona de construcción de las figuras literarias en la novela.

La novela no se basa en valores jerárquicos, ya que el presente y lo contemporáneo le sirve de objeto, anunciando hechos e influyendo sobre el futuro real, lo que le proporciona un carácter predictivo. Todo es hecho a partir de la risa popular, dice Bakhtine, que es donde debe buscarse las raíces de la novela, principio satírico que destruye la distancia épica.

Es a partir de esta risa popular que aparecen los otros géneros cómico-serios como el diálogo socrático y la sátira menipea, los cuales constituyen la primera etapa de la evolución de la novela como género en vías de constitución.

En el diálogo socrático la verdad solo puede surgir en el proceso de la comunicación dialogada. Al producirse su descomposición, otros géneros dialogales fueron apareciendo, según el crítico, entre ellos, la sátira menipea, que se constituyó en el principal transmisor de la concepción carnavalesca del mundo.

Es esta libertad excepcional de invención filosófica y temática la que permite dar a la sátira menipea tal visión carnavalesca del mundo, que gusta del escándalo, de conductas excéntricas, de infracciones del curso normal de los acontecimientos y de las normas sociales establecidas.

¡A disfrutar de esta algarabía que constituyó la novela y que debilita el racionalismo del día a día anulando las formalidades de la vida!

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