Columnistas

Febrero, otra vez

No tiene sentido restarle valor al primer ejercicio ciudadano de democracia directa.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

09:31 / 19 de febrero de 2017

Alguien ganará el 21 de febrero de 2017? No. Porque el debate es insulso, si es que puede calificarse como debate el intercambio de ideas respecto al significado del referéndum del año pasado. Ante el despliegue de las estrategias comunicacionales y ante las convocatorias a movilizaciones callejeras por parte de las diversas corrientes de oposición y del oficialismo somos testigos de qué: ¿una batalla simbólica? ¿una demostración de fuerzas? ¿disputa sobre legitimidad? A mi juicio, se trata de una demostración de que los actores políticos están presos de un balance inadecuado sobre el curso del proceso político y sometidos a un cálculo instrumental para obtener ventaja respecto a un futuro escenario electoral —¡finales de 2019!— que es, por ahora, un agujero negro.

Hace meses publicamos un libro, con Benjamín Rodríguez, acerca del referéndum de 2016, y sus efectos políticos e institucionales: Urnas y democracia directa (se puede acceder al PDF en el sitio oficial del OEP). En ese texto se resaltaron algunas ideas que explican, desde otra perspectiva, la apretada victoria del No en las urnas. En primer término, no hubo polarización en la sociedad sino en los discursos de los actores políticos, una pugna afincada en el ámbito mediático que se exacerbó en las redes sociales digitales. Luego, se deterioró la imagen de popularidad de Evo Morales, empero no se debilitó el lazo carismático con sus seguidores. El campo opositor se diversificó con el surgimiento de grupos de activistas que se articularon en torno a un discurso que reivindica “lo ciudadano”, así como con el accionar proselitista de Sol.bo —que controla la Alcaldía y Gobernación de La Paz— pero carecen de representación parlamentaria, puesto que en la Asamblea Legislativa están las tres fuerzas convencionales de oposición, a la derecha del MAS. O sea, el campo opositor se convirtió en un complejo espacio de disputa respecto a la definición de estrategia(s) y candidato(s), mientras el oficialismo empezó a discurrir por una ruta incierta que concluyó con la ratificación de la premisa del año pasado: reelección de Evo Morales, esta vez evaluando la pertinencia de cuatro vías legales, dos de ellas con sello de legitimidad, es decir, con otro referéndum.

Este cuadro permite explicar el comportamiento de los actores políticos en la coyuntura. Las fuerzas de oposición intentan asociar la figura presidencial a un accionar antidemocrático porque, supuestamente, no acepta el resultado del referéndum y, ante eso, convocan a “defender” y “celebrar” la victoria del No, sin embargo, lo que está en juego es la decantación de candidatos presidenciales y por eso no es casual la aparición de otros “colectivos ciudadanos” o “activistas en las redes”, inclusive la edición de una biografía de título apolítico dedicada al jefe de un partido opositor. Por su parte, el MAS sigue deambulando en su laberinto. En vez de concentrarse en la selección de la vía más apropiada para lograr su objetivo —una habilitación legal y legítima de Evo Morales para 2019—, se enfrascó en una campaña con una consigna (“el día de la mentira”) que implica poner en entredicho la validez del referéndum.

Es decir, el oficialismo mira hacia atrás y pierde perspectiva de futuro puesto que entre las vías elegidas por el MAS, la más pertinente —legal y legítimamente— para materializar su propósito es la realización de otro referéndum. Por eso no tiene sentido restarle valor al primer ejercicio ciudadano de democracia directa para encarar una reforma constitucional parcial puesto que en esa institución reposa, a mi entender, la viabilidad de la estrategia oficialista.

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