Columnistas

#21F, un año después

Los miembros de la oposición que no venían ya montados en el carro de la conspiración se subieron.

Patricia Montaño Durán

06:39 / 20 de febrero de 2017

Tres semanas después del estallido del escándalo Zapata y en medio de un mar de declaraciones amplificadas por un sector de la prensa parcializado con la oposición; en el referéndum del 21 de febrero del año pasado, la mayoría de los ciudadanos bolivianos no estaba en condiciones de emitir un voto sereno.

Lo que los ciudadanos no sabíamos el 21F era que la batalla no era entre el oficialismo y la oposición, sino que era entre pueblo boliviano y el imperialismo estadounidense, ya que la bomba estalló inmediatamente después de que el periodista Carlos Valverde se reuniera con miembros de la embajada. También se supo que meses antes habían llegado agentes estadounidenses a reunirse con miembros de la derecha boliviana para preparar el terreno.

Tuvieron que pasar varios meses para que la verdad haya podido establecerse y quedado comprobado que el caso Zapata fue orquestado por agentes extranjeros que utilizaron la mentira, y que fueron apoyados por la oposición.

Al respecto, el investigador argentino Atilio Borón explicó con claridad en su artículo “El No nace en Washington”, cómo la CIA utilizó el “SOP” (standard operating procedures), no solo en Bolivia, sino también en otros países, a fin de desprestigiar a un candidato o a una fórmula que significasen amenazas para los intereses de Estados Unidos y de la derecha.

Los miembros de la oposición que no venían ya montados en el carro de la conspiración se subieron rápidamente, al igual que algunos medios de comunicación y algunos periodistas, entre comillas, independientes.

La maquinación tuvo un cálculo preciso y no dio tiempo a una aclaración satisfactoria. Como nunca antes, la ética del Presidente fue puesta en entredicho y al Gobierno no le quedó más alternativa que ponerse en manos de la justicia, cuya lentitud paquidérmica coadyuvó al desenlace del #21F, que fue la primera derrota de Evo en las urnas.

No obstante, en aquella ocasión casi la mitad de los bolivianos votó a favor del Presidente con lo que podría llamarse el “voto duro”. La diferencia entre el Sí y el No fue de apenas 1 por ciento. Y eso, pese a que la población no tenía ese momento claridad, ni información suficiente sobre el presunto tráfico de influencias y era víctima de una ola de desinformación y rumores.

Con las aguas ya calmadas por el año transcurrido, se puede advertir que esa mitad de la población que votó a favor de una nueva postulación de Morales en 2019, lo hizo fundamentalmente por tres razones: la inclusión social, la estabilidad económica y la reducción de la pobreza alcanzadas durante este gobierno.

Por eso, cuando el 22 de enero el Presidente comparó los once años de su gobierno con los 180 de la República, no cometió una exageración. Más allá de las cifras, se nota a simple vista que en el gobierno de Evo se hizo más por la igualdad de oportunidades y la recuperación de la dignidad de los bolivianos que en ningún otro. Y este inmenso avance cualitativo le desagrada a la derecha retrógrada y racista.

Para disgusto de quienes alimentaron el fuego del caso Zapata, a un año de distancia del #21F, está claro que tanto el proyecto del MAS como el liderazgo de Evo Morales están profundamente enraizados en la historia y siguen contando con apoyo masivo de la población. Asimismo, se puede avizorar que al menos a corto y mediano plazo, un gobierno sin indios en Bolivia ya no será posible.

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