Columnistas

Moro, Plural y Espinal

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

09:40 / 26 de marzo de 2017

La semana pasada se organizaron una serie de homenajes a Luis Espinal, con ocasión de un aniversario más de su asesinato martirial la noche del 21-22 de marzo de 1980 (ya van 37 años). Aquí me voy a fijar solo en los homenajes de dos personajes íntimamente ligados: el Moro Alfonso Gumucio Dagron, cineasta, autor y poeta; y Plural Editores, a través de su director, José Antonio Quiroga Trigo, sobrino del bien conocido y también asesinado Marcelo Quiroga Santa Cruz.

En esa relación entre Gumucio y Quiroga interviene con frecuencia el recuerdo de Lucho Espinal. En 2015 Plural reeditó el texto Luis Espinal y el cine sin diferencias de la primera versión, salvo la carátula. Yo aproveché su presentación para dar a conocer a un público más amplio el después tan controvertido Cristo clavado en un martillo y la hoz, del que Gastón Ugalde hizo una réplica que Evo entregó al papa Francisco, en su rápido paso por La Paz en 2016 (ver imagen). Algunos lo llamaron blasfemo; el propio papa Francisco, preguntado por una periodista, lo consideró un ejemplo más de arte protesta. Yo añado que es una llamada profunda al diálogo personal y eclesial con todos, incluso con los comunistas y ateos.

En 2016 Moro y José Antonio prepararon una reedición de las Oraciones a quemarropa de Espinal, con motivo de la llegada del Papa a Bolivia; fue enriquecida con la reproducción de muchos de sus tallados, en maderas ya desechadas, los cuales regalaba a sus amigos. Le ofreció también uno al mismo Moro, pero él lo dejó para un siguiente viaje, que ya no llegó.

En 2017 Moro y José Antonio se han juntado de nuevo para, en sesiones maratónicas, llegar a publicar la primera edición boliviana de una obra poco conocida y ya agotada que se publicó primero en el Centro de Ediciones y Publicaciones (CEP) de Gustavo Gutiérrez, el padre de la Teología de la Liberación, en Lima, con el título Luis Espinal. El grito de un pueblo; y, al año, una segunda edición con IEPALA, Madrid, con el nuevo título Luis Espinal, testigo de nuestra América. Ha sido un gran desafío diseñar e imprimir todo en un mes, justo para el nuevo aniversario de Lucho; otro poroto para Plural. Siguen cuatro notas muy puntuales.

1) La parada y oración del Papa en la curva de Espinal en la autopista: los médicos de Francisco solo aceptaron que estuviera cuatro horas en esas alturas, dado que desde joven le falta parte de un pulmón. Antes de ser papa, Bergoglio estuvo ya en la urbe paceña, y en aquella oportunidad dijo: “¡Nunca más en La Paz!”. Pero ya siendo Papa retornó a La Paz solo por cuatro horas, y al fin se incluyó esa parada en la curva desde donde cada año parten romerías hasta el actual Mirador de las Nieves, varios kilómetros arriba de la autopista, lugar que cuando mataron a Lucho era solo un basural en el que los asesinos botaron su cuerpo sin vida. Llegar hasta el mirador ya era imposible por el tiempo limitado.

Pero el gesto de parar unos minutos en esa curva fue un símbolo muy cálido.

2) El asesinato de Lucho como martirio: Espinal tenía muy claro que cualquier día lo podían matar en cualquier parte, pero no cambió sus rutinas para protegerse. En el video Un mártir incómodo, versión catalana, su hermana carmelita de clausura María de la Salud dice, citándole: “Si me pasa algo, no se alarmen. Ya lo he aceptado y ofrecido a Dios”.

3) El testimonio de un agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DIN), que en el texto citado reproducimos (pg. 205), no tiene pies ni cabeza, como nos ha vuelto a confirmar el Dr. Ronald Costa Arduz, quien realizó la autopsia.

4) Entre las fotos nuevas, resalto las que se publicaron en Los Tiempos de Cochabamba recién en 1983, tomadas por la Policía (¿?) antes de limpiar el cadáver (pg. 204).

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