Columnistas

Eva y Evo

Urge fomentar las reflexiones acerca de las limitaciones de los programas sociales en el país.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

07:06 / 03 de abril de 2017

Al poco tiempo de haber nacido Eva Quino, Evo Morales era encumbrado en el poder. Es decir, Eva vivió el proceso de cambio que el Mandatario se encargaría de personificar. Coincidentemente, las historias familiares de Eva y Evo fueron relativamente similares, pues estuvieron definidas por las mismas necesidades de sobrevivencia que obligaron a los padres del Presidente a emigrar y a los de Eva, a padecer ese calvario que tendería a agravarse con el paso del tiempo. La diferencia es que mientras Evo era abrazado por el poder político de la misma manera como abrazó a otros presidentes de diferente origen social, la familia de Eva, llevando a ella todavía en brazos, iniciaba su vida errante en el nuevo tiempo político.

Nuevo porque aquel sector social mayoritario del cual provenía la familia de Evo y al cual pertenecía la familia de Eva había sido interpelado políticamente. De ese modo, el nuevo gobierno tuvo como objetivo hacer gestión a favor de los más necesitados, por lo que a través del cumplimiento parcial de las agendas de los movimientos sociales buscó convertir al Estado en la locomotora de la economía nacional y a la renta petrolera, en el principal recurso de financiamiento público, para lo cual procedió a la nacionalización de los hidrocarburos.

Tales medidas permitieron el nacimiento del programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”. El cual, según informes del Ministerio de Comunicación, desde 2006 hasta 2016 ejecutó Bs 11.936 millones en 7.162 proyectos en los rubros de deporte, educación, equipamiento, infraestructura vial, proyectos productivos, riego y salud. Sumado a ello, con el objetivo de reducir los niveles de desigualdad y pobreza, el Gobierno implementó una serie de programas sociales consistentes en la otorgación de transferencias condicionadas a determinados sectores de la población. Ello sin contravenir la famosa “teoría del goteo”, que en el marco del modelo neoliberal y el mandato internacional de la lucha contra la pobreza consiste en garantizar el crecimiento económico, bajo el entendido de que éste generará mayor empleo; el empleo, mayores ingresos; y los ingresos, mayor consumo. Garantizar el crecimiento económico supone en ese modo llegar necesariamente a las capas sociales inferiores.

Por tanto, en términos de la política social y crecimiento económico, en los últimos 10 años el país parece haber conocido una situación envidiable, tanto que a las políticas implementadas por el Gobierno central se sumaron otras que fueron implementadas por los gobiernos municipales y departamentales, enfocados principalmente a la atención de la salud. Sin embargo, el 16 de marzo, en una vivienda del Distrito 8 de El Alto, Eva Quino fue hallada muerta por inanición y en un estado de pobreza tan común para muchos.

Ante tal hecho, la prensa reveló que el país padecía aún de pobreza moderadamente alta, que el Gobierno decidió emprender un “programa” de rastrillaje para encontrar familias que viven en situación de extrema pobreza; e incluso que funcionarios gubernamentales entregaron alimentos, medicamentos y trabajo a uno de los miembros de la familia de Eva y una vivienda propia.

Si bien esas acciones son destacables, no son justificables, pues urgen las reflexiones acerca de las limitaciones de los programas sociales, toda vez que parecen estar reproduciendo las desigualdades sociales al no llegar a las familias de las muchas Evas que viven en la oscuridad de la indigencia social en todo el país. Máxime si, según los reportes internacionales que la prensa reprodujo, la pobreza es consecuencia de la falta de acceso a un salario, y ésta responde a la falta de acceso a un empleo, padecimientos que hoy en día sufren gran parte de la población.

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