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Almanaque del futuro

Enceguecido con su lógica acumulativa de riqueza ‘ad eternum’, el capitalismo  degrada el ambiente.

La Razón (Edición Impresa) / Adalid Contreras Baspineiro

07:40 / 01 de mayo de 2017

Sobre/vivimos un planeta dominado por un modelo que en nombre del desarrollo no pone reparos en la pauperización creciente de las poblaciones y de la naturaleza. Enceguecido con su lógica acumulativa de riqueza ad eternum, el capitalismo desiguala sociedades, depreda la Madre Tierra, discrimina culturas, degrada el ambiente, mercantiliza las cosmovisiones, banaliza las ideologías, ralentiza la vida e innova tecnologías para la industria, la información y el armamentismo. Este proceso es como una rueda sin fin, que nos envuelve en su manto progresista y nos aliena en la creencia que éste es el sino y el destino de la vida en la tierra, y que el futuro no es sino un viaje por los mismos senderos asimétricos del presente y del pasado.

Pero ni esto es verdad ni todos creen que esto pueda ser así. Existen sociedades que no fatalizan su existencia y no renuncian a su derecho de soñar con futuros distintos que los saben posibles. Y guiados por los imaginarios de ese mundo a ser construido, ensayan formas de vida colaborativa en sus cotidianeidades locales, velando por la sostenibilidad de las sociedades, de la naturaleza y del cosmos. Desde estos espacios fabrican identidades colectivas con horizontes incluyentes y acumulativos, evidenciando la viabilidad de alternativas de vida digna en distintos campos que van desde lo productivo hasta el consumo, la salud, la educación, la documentación de las historias oficiales y no oficiales, la participación ciudadana, la equidad de género, el comercio justo, la democracia participativa, el empleo de calidad, el pluralismo, el derecho a la comunicación y un largo etcétera.

El Foro Social Mundial tuvo ya la capacidad de evidenciar y legitimar estas experiencias como alternativas de un mundo, otro, posible de constituirse con símbolos de justicia y esperanza con la marca de las resistencias que se conceptualizan en las epistemologías del Sur, como denomina Boaventura de Sousa a las prácticas socioculturales y políticas por el bien común.

Han habido intentos de apropiación de estas iniciativas en políticas estatales, por ejemplo constitucionalizando la cosmovisión del Vivir Bien/Buen Vivir, pero su plena realización está todavía pendiente. Las políticas públicas pueden ser intermitentes, mientras que las comunidades son constantes en su creatividad generadora de sociedades de la vida en plenitud. En nuestra América Latina estas experiencias son multivariadas y se institucionalizan en prácticas locales y redes continentales, con un trabajo cohesionado entre ciudadanías, instituciones de la sociedad civil y una sui géneris cooperación solidaria que apuesta por la autodeterminación de los pueblos sin pretender digitar sus destinos con políticas de cooptación envolvente.

Una extraordinaria experiencia que recupera estas iniciativas esperanzadoras de la vida, sistematizándolas, documentándolas y visibilizándolas para motivar que se ensayen otras formas de sociedad para un presente y un futuro con equidad, es el Almanaque del Futuro, un proyecto que tiene la virtud de armar una cartografía continental que motiva a trabajar por hacer realidad la utopía de que otro mundo, mejor, es posible.

Construir políticas públicas con transformaciones estructurales en democracia no es tarea sencilla porque deben hacerse desde el seno mismo del capitalismo que cuestionan. Deberían nutrirse permanentemente de estas experiencias ciudadanas que se adelantan al tiempo con acontecimientos, actores y realizaciones que interpelan al mundo desde el futuro iluminándolo con esperanza. Le hace bien a la humanidad saber que existen caminos alternativos, aquí, y en los almanaques del futuro.

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