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Un futuro más verde y decente

La sostenibilidad ambiental también es imprescindible desde la perspectiva del mercado de trabajo.

La Razón (Edición Impresa) / Guy Ryder

09:03 / 04 de junio de 2017

El cambio climático es el resultado de las actividades humanas. Y una gran parte de estas actividades están relacionadas con el trabajo. Es lógico, entonces, que el mundo del trabajo desempeñe un papel clave en la búsqueda de una solución a esta cuestión urgente.

La capacidad del calentamiento global climático de causar daños a la infraestructura, afectar a las empresas y destruir empleos y medios de vida ha quedado claramente demostrada. Enfrentamos estos desafíos a una escala sin precedentes, todos los días. Tanto las empresas como los trabajadores se ven afectados. Esto es particularmente cierto para las poblaciones pobres, los trabajadores por cuenta propia, y aquellos que tienen empleos informales, ocasionales o estacionales, quienes con frecuencia carecen de una protección social adecuada y tienen un acceso limitado a oportunidades de ingreso alternativas.

Pero el mundo no tiene que elegir entre la creación de empleos y la preservación del medioambiente. La sostenibilidad ambiental es imprescindible también desde la perspectiva del mercado de trabajo. Es cierto, en el camino hacia una economía más sostenible desaparecerán muchos tipos de empleo que existen hoy día, en particular en actividades altamente contaminantes y que consumen mucha energía. Otros serán sustituidos o adaptados. Pero al mismo tiempo se crearán nuevos empleos.

Las economías más verdes pueden ser motores del crecimiento, tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo.

Pueden generar empleos verdes que contribuyan de manera significativa a la adaptación y mitigación del cambio climático, y también a la erradicación de la pobreza y a la inclusión social.

Este proceso ya está en marcha. La Agencia Internacional de Energías Renovables dijo que en 2015 el empleo en el sector de la energía renovable se elevó a 8,1 millones de puestos de trabajo, 5% más que el año anterior. Es probable que sectores como la silvicultura, la energía, el reciclaje, el transporte y la agricultura se beneficien mucho de la transición hacia una economía verde. Pero el desafío no es solo crear más empleos. También es importante la calidad de estos empleos. Es necesario buscar el desarrollo sostenible teniendo en cuenta su dimensión económica y social, no solo sus consecuencias sobre el medio ambiente.

Si nuestro objetivo es lograr una transición justa y exitosa hacia una economía verde, entonces necesitamos una reglamentación previsible y apropiada. Para lograrlo, los gobiernos deben trabajar conjuntamente con las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Esta será una de las principales cuestiones que se discutirán durante la Conferencia Internacional del Trabajo, que comienza el 5 de junio.

El desarrollo de competencias y la protección social son otros dos ingredientes de una transición justa, ya que han demostrado su potencial para facilitar cambios socialmente aceptables y beneficiosos para los trabajadores. El calentamiento global no respeta las fronteras geográficas ni las fronteras entre las instituciones. Es necesario que los gobiernos y las diversas organizaciones del sistema multilateral trabajen juntas de manera coherente para alcanzar objetivos comunes.

Un futuro más verde no será decente por defecto, sino por elección. De manera que no solo celebremos el Día Mundial del Medio Ambiente, transformémoslo en un motivo para poner en acción nuestra voluntad política.   

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