Columnistas

El antropoceno con plástico

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

09:10 / 22 de octubre de 2017

Lo que no se ve en las bellas fotografías naturalistas es la invasión del plástico. En más de una ocasión me he sentido desalentado cuando, al caminar por las orillas del lago Titicaca, he observado que el agua y la tierra están prácticamente alfombradas con ese material. Está pasando lo mismo en el norte paceño, donde el panorama de hierba y árboles se afea con desechos de botellas y bolsas.

Uno de los problemas más complicados en el antropoceno (la edad de los humanos) es el exceso de este material sintético, ya que la mayoría de los productos en la actualidad están hechos con aquel elemento. Se emplea para fabricar teléfonos celulares, juguetes, vehículos y ropa. Claro, todo ello envasado en una bolsa de polipropileno.

En una nota para la BBC, Roland Geyer, de la Universidad de California en Santa Bárbara (Estados Unidos), dijo que en los recientes 65 años el ser humano ha generado 8.300 millones de toneladas de este material. “Hay suficientes restos de plástico en el mundo para cubrir un país entero del tamaño de Argentina”, explicó.

El Tiempo de Bogotá indica que 13 millones de toneladas de desechos plásticos terminan cada año en los océanos, por lo que se calcula que en 2050 habrá más material sintético que peces, lo que además cuesta cientos de millones de dólares a la industria turística.

Este fenómeno se repite en nuestro país. El mejor (¿o peor?) ejemplo es lo que ocurre cerca del Lago Sagrado, donde no hace falta buscar para encontrar plástico botado en el suelo. Por si fuera poco, en las playas hay botellas PET de distintos colores que parecen convertirse en el nuevo piso del campo donde antes había hierba y animales, que se están extinguiendo por obra humana. En la Amazonía está ocurriendo algo parecido, pues la vegetación está siendo invadida por este elemento.

Afrontar este problema es una tarea dificultosa, ya que implica la participación efectiva de los gobiernos y de las empresas grandes, pero, sobre todo, de la conciencia de nosotros, los responsables de la compra de los sintéticos. Aunque puede parecer un mal menor, creo que una solución puede ser retornar al uso de los envases de vidrio, que se pueden reciclar y reutilizar durante varios años.

En el caso de los lugares turísticos, recuerdo algunos paneles de madera que advierten de que el visitante que ha traído su basura debe llevársela. No debe ocurrir solo en las orillas del Titicaca o en la Amazonía, sino también en nuestras calles, donde se nos ha hecho natural ver bolsas en el suelo. Son prácticas pequeñas pero importantes para el presente y futuro del planeta.

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