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Estadísticas enfermas

Las mujeres jóvenes son presionadas a iniciar su vida sexual a edades cada vez más tempranas.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

11:48 / 22 de octubre de 2017

Domingo 15 de octubre, La Razón publica: “Nueve de cada 10 mujeres jóvenes no utilizan ningún método anticonceptivo”. Miércoles 18 de octubre. La Razón publica: “De enero a septiembre de 2017 83 menores fueron abandonados en La Paz, seis de cada 10 bebés abandonados eran mujeres”. Jueves 19 de octubre, La Razón publica: “Siete de cada 10 mujeres con pareja sufrieron violencia”. No hace falta pensar mucho para hallar las líneas que conectan estas estadísticas.

Las mujeres jóvenes son presionadas a iniciar su vida sexual a edades cada vez más tempranas. En Bolivia cada día se registran 246 embarazos en adolescentes, no deseados o no planificados, asumimos; pues es muy inusual que una mujer desee o planifique ser madre cuando todavía no ha salido de la adolescencia.

De acuerdo con la Encuesta de Demografía y Salud que obtuvo estos datos, la principal razón para que las chicas tengan sexo sin protección no es el desconocimiento de métodos anticonceptivos, sino la dificultad de acceso y la oposición de la pareja a usar algún método para evitar el embarazo.

Entra aquí una actitud generalizada en los varones: si antes de la relación ella me ofrece un preservativo, quiere decir que es promiscua. Si usa algún método de anticoncepción, es porque está teniendo relaciones sexuales con otras personas. Si no quiere tener relaciones conmigo, es porque no me quiere. Si después del sexo sin protección “aparece” embarazada, es porque está buscando una forma de atraparme. O, ¿cómo sé que el bebé es mío, finalmente?

Entra también aquí una actitud generalizada, aunque contradictoria: si ella es la que se embaraza, ella es la que debería cuidarse. Como si para la fecundación no hiciera falta un espermatozoide; como si la responsabilidad de concebir y criar un hijo (o no hacerlo) fuera solo de las mujeres.

En medio de este difícil panorama, falta añadir un aspecto adicional que no es desdeñable: cuatro de cada 10 mujeres bolivianas afirman haber sido víctimas de violencia sexual, de acuerdo con la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres.

Si como efecto de la violencia física o psicológica, o como efecto de la presión y de la negativa al uso de preservativos se produce un embarazo no deseado, son las mujeres las que deben tomar decisiones difíciles. ¿Llevo a término un embarazo para el que no estoy preparada o arriesgo mi vida abortando? ¿Sacrifico mi salud, mis estudios y mi futuro para criar a un niño (casi siempre en ausencia del padre, muchas veces contra la voluntad de mi familia) o abandono al bebé recién nacido en el hospital, la calle o el basurero? Son terribles disyuntivas, terribles decisiones, que en cualquier caso desembocan en terribles consecuencias, para la mujer, para el niño y para la sociedad toda.

Algunas medidas se han tomado, pero deben profundizarse. La distribución gratuita de anticonceptivos no debe apuntar solo a las mujeres, sino también a los hombres. ¿Por qué no se exploran métodos anticonceptivos masculinos que vayan más allá del condón? ¿Por qué no se pueden realizar campañas masivas de anticoncepción en colegios y universidades, facilitando métodos inyectables a todos los que lo requieran? ¿Por qué se ha eliminado como causal legal del aborto la situación económica de la familia?

Solo cuando las mujeres puedan —real y efectivamente— decidir cuándo y cómo concebir, podremos decir que nuestra sociedad está sana. Mientras tanto, seguiremos acumulando estadísticas enfermas. 

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