Columnistas

Espirales de violencia

La violencia sexual es una de las formas de violencia más silenciosa y oculta.

La Razón (Edición Impresa) / Ana Angarita Noguera

08:41 / 26 de noviembre de 2017

El 25 de noviembre se conmemora a nivel mundial el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Es una fecha que reivindica, desde 1999, el derecho de las mujeres, de todas las edades, a vivir una vida libre de violencia. El feminicidio es la violencia más extrema. El asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres no es la única forma de violencia que atenta contra sus vidas. Hay otras espirales de violencia que tienen el mismo fin trágico. Una de ellas es la que se inicia con la violencia sexual, sobre todo de niñas y adolescentes, que avanza hacia un embarazo no deseado y de alto riesgo y que suele tener consecuencias funestas en el parto o posparto con la muerte de una niña o adolescente madre.

La violencia sexual es una de las formas de violencia más silenciosa y oculta. De acuerdo con un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas de 2015, el silencio, la vergüenza y la impunidad son características de este tipo de agresión, tanto en el oriente como en el occidente del país, afectando la integridad de niñas y adolescentes, de manera sistemática y, muchas veces, incluso con la complicidad de los familiares.  

La espiral de la violencia sexual se agrava con un embarazo no deseado que pone en riesgo la salud de las niñas y adolescentes, ya que, entre otras complicaciones, su cuerpo no está preparado para un embarazo a esa edad. El embarazo en la adolescencia suele ser solitario, priva a las futuras madres de oportunidades para realizar sus proyectos de vida, y sobre todo suele ser un embarazo de alto riesgo. Y si es consecuencia de la violencia sexual, es decir, de un delito, las circunstancias de ese embarazo son aún más funestas para las niñas y adolescentes. El embarazo no deseado a esa edad y en esas circunstancias se traduce a menudo en un parto de alto riesgo que puede llevar a la muerte de las jóvenes madres.

La violencia sexual, el embarazo no deseado y la muerte materna de niñas y adolescentes se constituyen en una espiral de violencia y muerte que, a diferencia del feminicidio, suele ser una cadena de tragedia que no es visible en la agenda pública y que requiere acciones de prevención, atención y de sensibilización oportunas y eficientes. El 25 de noviembre es la ocasión para hacerlo.

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