Columnistas

Negligencia

Cuando se habla de este tema, ello no implica dirigir el dedo acusador solamente hacia los médicos.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri Tórrez

06:55 / 26 de diciembre de 2017

Cuando uno revisa el sentido de la palabra “negligencia”, la concepción más conocida es aquella que se refiere al descuido, a la falta de cuidado o la falta de aplicación. O sea, la negligencia está asociada a la irresponsabilidad en el ejercicio de una profesión u oficio. En Bolivia las prácticas imprudentes abundan y, lo peor, muchas de ellas, ponen la piel de gallina. En varios casos, las consecuencias emergentes de estas prácticas adquieren ribetes letales. Al parecer, la desprolijidad en la tarea de una determinada profesión u oficio se ha expandido por doquier y con creces. A continuación presento algunos ejemplos que ilustran inequívocamente esta situación.

A inicios de 2011, en la ciudad de Santa Cruz se desplomó el edificio Málaga en proceso de construcción como si se tratase de un castillo de naipes. ¿Por qué? Sencillamente porque un equipo de arquitectos, ingenieros e inversionistas lo construían en un terreno no apto para semejante edificación y, para colmo, el Gobierno Municipal había aprobado su edificación. El saldo fue trágico: 16 obreros quedaron sepultados, y nueve de ellos murieron.

Asimismo, recordemos el vuelo chárter de la aerolínea boliviana LaMia que el 28 de noviembre del 2016 se estrelló en las cercanías de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Medellín. El avión transportaba nueve tripulantes y 68 pasajeros, la mayoría jugadores y miembros del cuerpo técnico del equipo brasileño Chapecoense, que se dirigían a aquella ciudad colombiana para jugar la final de la Copa Sudamericana.

El balance también fue aciago: 71 personas murieron. Las causas: el avión viajaba excedido de peso y con el combustible al límite. Los pilotos, por razones económicas, no hicieron las escalas correspondientes para provisionarse. Es decir que este “accidente” aéreo se habría evitado si los pilotos hubiesen respetado los protocolos para este tipo de casos. Según las investigaciones, hay corresponsabilidad no solo de los funcionarios, sino también de las autoridades aeronáuticas.

¿Acaso olvidamos que los accidentes de buses son noticias recurrentes en Bolivia? En la mayoría de los casos se producen por descuido e irresponsabilidad de los choferes y de los propietarios, quienes por ejemplo obligan a los conductores a trabajar sin el descanso necesario. En la mayoría de los casos no existió el control de las autoridades correspondientes. Las estadísticas de fallecidos y heridos son descomunales.

Los anteriores ejemplos ponen en evidencia que en varios ámbitos laborales la negligencia puede tener consecuencias trágicas. Por lo tanto, cuando se habla de este tema ello no implica dirigir el dedo acusador solamente a los médicos; quienes, no obstante, trabajan cotidianamente con la vida humana.

Con seguridad, muchos de los galenos cumplen profesionalmente su trabajo. Empero, existe quienes no hacen bien su trabajo, poniendo en peligro la salud y la vida de sus pacientes. Las consecuencias de esta dejadez médica son aterradoras: desde dejar a los pacientes en estado vegetativo hasta ocasionar su muerte. Debido a esta minoría irresponsable se deben ajustar las tuercas de la regulación del trabajo médico en el país, tal como debería suceder en todos los ámbitos laborales donde la vida humana está en juego; por supuesto, siempre con mecanismos efectivos que garanticen el “debido proceso” para todos. De este modo ondearemos efectivamente las banderas del derecho a la salud y a la vida.

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