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¿’Vox populi’ o ‘box populi’?

No exagero al decir que estas colisiones de ‘box populi’ son parte del Carnaval, patrimonio intangible de la humanidad.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

09:13 / 04 de febrero de 2018

La locución latina vox populi, reusada muchas veces por los políticos “profesionales”, indica que algo es conocido y repetido por todos. Generalmente la vox populi que se concibe en las redes sociales son chismes de mal gusto, y precisamente son el anzuelo para que mucha gente con cerebro de infante caiga atrapado en sus redes (¿será por eso que se llaman redes sociales?).

El poder es siempre el primer blanco de aquellos que no lo gozan, pero existe otro, al que se refirió Baruch Spinoza: “El poder del hombre es infinitamente superado por el poder de las cosas exteriores”. Y ese poder es precisamente el que ha descoyuntado a la sociedad boliviana, convirtiendo el vox populi en box populi. Ya no hay debate, sino combate.

La Fiscalía arremete contra el Ministerio de Gobierno; y a su vez el Ministerio de Gobierno arremete contra la Fiscalía. Ambos tienen competencias complementarias, pero algo funciona mal. Mientras la Policía Nacional, tan venida a menos por sus escandalosos actos de complicidad con la corrupción, hace notables esfuerzos para recuperar su credibilidad perdida como la institución que debería velar por la seguridad ciudadana; la Fiscalía libera delincuentes, porque el Código Penal no contempla una figura clara para privarlos de libertad.

La creatividad delincuencial ha generado un vacío jurídico con nuevos delitos y criminales propios del siglo XXI. Entre ellas las pildoritas: chotas pintadas que atrapan a los “giles” en boliches de quinta categoría. Los duermen con diazepan, luego los dejan pelados y, según el Viceministro del Interior, “los embrujan”, seguramente con el conocido brebaje del “mate de calzón”. Así, el fiscal departamental de La Paz, Edwin Blanco, es blanco de todas las críticas y hasta piden su renuncia por un delito menor y de poca trascendencia (si lo comparamos con el desfalco perpetrado por el Solitario Pari), pero de mucha peligrosidad.

Antes de su abrogación, todos decían que el nuevo Código del Sistema Penal era perjudicial y “peligroso” para el ejercicio de las profesiones liberales. Cuando preguntaba a los insatisfechos: —Has leído el nuevo Código, ¿qué de malo tiene? La respuesta era invariable: —Dicen que es malo. Entonces respondía con otra pregunta: —¿Quién dice eso?  —Es que es vox populi. Hasta en las redes dicen.

Esta satanización contra el nuevo Código terminó con su abrogación y ahora se debe elaborar otro; y seguramente el maldecido Código será la base y los consorcios poderosos que no quieren ser fiscalizados interpondrán a sus macabros delegados para evitarlo. En Bolivia no se respetan ni los semáforos, eso nos da una pauta de la clase de sociedad en la que nos ¿gusta? convivir. No se respetan a los ancianos ni a los niños y en las redes la gente se preocupa más por los perritos y los loritos.

Una de las imágenes que se grabaron en nuestras retinas fue la de una diputada de Beni cuyo look la asemeja a una sacerdotisa egipcia y que, en su papel de agonía en la huelga de hambre, musitaba: “Ese Código maldito...”. Al día siguiente, en la sesión para tratar su abrogación, mostraba una fuerza inaudita, al romper el Código maldito como si nada. Intenté hacerlo, pero no pude. ¿Será que Tutankamón le dio una fuerza sobrenatural?

En Santa Cruz, el inefable alcalde Percy Fernández, conocido entre sus íntimos como el Toquinño por su cordialidad con las damas a través del sistema Braille, impulsó la construcción de un moderno mercado para ubicar a miles de gremiales, quienes rechazaron su traslado. El acto de entrega casi terminó en un pugilato y sacaron de sus casillas al burgomaestre, quien lució su florido vocabulario, de igual a igual en un box verbal, con las sulfúricas gremialistas.

La Central Obrera Boliviana (COB) también tiene listo su cuadrilátero. En el ring side oficialistas y opositores están apostando al resultado del encuentro contra la Conalcam; mientras Rocky Mitma se quedó sin manager. Por si fuera poco, en las filas opositoras las mujeres tomaron la iniciativa en el combate con sus pares machistas corruptos, el cual terminará en empate, ya se sabe, por razones políticas.

El Anata y el Carnaval occidental hicieron de Bolivia unos de los territorios más ricos en expresiones simbólicas, y no exagero al decir que estas colisiones de box populi son parte del Carnaval, patrimonio intangible de la humanidad.

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