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Variaciones ‘fake’ sobre Caperucita Roja

¿Y la abuelita? ¿Alguien la vio? ¿Cuál abuelita? ¿Quién conoce su paradero? Nadie sabe ni reclama por ella.

La Razón Digital / Cergio Prudencio

10:48 / 20 de mayo de 2018

Cuando la Caperucita Roja ingresó a casa de su abuelita, se encontró con un enjambre de cámaras de televisión. Oh, abuelita, ¿para qué llamaste a tantos periodistas? Para que te vean mejor, Caperucita. ¿Y para qué tantos micrófonos, abuelita? Para que te escuchen mejor, Caperucita. ¿Y por qué envuelves tu rostro con las sábanas, abuelita? Porque no quiero que me vean, así ya tan viejita, Caperucita... je, je.

“Caperucita”, llama una reportera; “¿qué la trae a visitar hoy a su abuelita?”. Yo solo vengo a traerle unas manzanas; es que le gustan tanto... “¿Y por qué lleva capuchón rojo, Caperucita?”. Es que hace mucho frío en el bosque y el camino es largo.

Caperucita se dispone a ofrecerle las dulces frutas a la anciana. Las cámaras despliegan acercamientos, los flashes encandilan el ambiente, las preguntas se atropellan unas a otras, ninguna se entiende. Caperucita está aturdida. Entonces, aprovechando la confusión, saltan las sábanas de pronto y de entre ellas surge violentamente el Lobo Feroz para tomar por el cuello a Caperucita Roja y convertirla con sus grandes fauces en su más apetitoso manjar del día, sin dejarle escapatoria. Las rojas manzanas ruedan por el suelo.

De último momento: —Interrumpimos nuestras emisiones para dar paso al informe en vivo desde el lugar de los hechos. —Adelante por favor.

Así es colegas, estimados telespectadores, tenemos las imágenes del momento en que Caperucita Roja intentó inmolarse delante de su abuelita con una canasta de bombas mimetizadas en manzanas. Titular de primera plana: “Caperucita Roja tenía planeado envenenar a su abuelita; la fotografía capta el momento justo en que la niña arrima su canastilla sobre el camastro”. Otro titular: “Episodio incierto en casa de una abuela”. Y otro más: “Se presume que Caperucita Roja actuó en complicidad con afines”. Editorial: “la sociedad debe replantearse los valores que transmite a las nuevas generaciones extraviadas e insensibles con el prójimo. La línea de principios de este matutino independiente condena toda forma de codicia y violencia”. En la edición digital suman 16.576 like en pocas horas y 7 no-like. Reportaje: Antes de darse a la fuga, en respuesta a esta reportera, la Caperucita Roja profirió amenazas y levantó consignas propias del grupo “Anti-Abuelas” (AA).

El Lobo Feroz postea en Twitter: “Se ofrece recompensa de tres millones a quien dé información certera sobre el paradero de la Caperucita Roja, actualmente prófuga”. Las redes sociales se explayan: “Odiaba a su abuelita, pero le encantaban sus joyas. Era mi compañera de asiento; me robaba mi merienda, todos los días. Sí, siempre quería tener las cosas de las amigas”. “Yo acabo de verla paseándose tranquila por el callejón del mercado, mientras el Gobierno no hace nada. Basta de impunidad. Deberían nomás legalizar la pena de muerte para éstas”.

El Lobo Feroz atraviesa el bosque ostentando un carruaje tirado por seis caballos de raza. Se dirige a la torre del Emperador, donde han convocado a reunión de lobos para evaluar la situación. Al cabo de horas de hermetismo, llaman a conferencia de prensa: “Nos sentimos muy orgullosos de informar a la opinión pública que La Organización Interaldeana de Derechas, con sede en la ciudad capital del señorío, acaba de otorgar el Premio Master Wolf al Lobo Feroz en reconocimiento a la campaña ‘Comamos bien, sano y sostenible’, que alienta por décadas”.

¿Y la abuelita? ¿Alguien la vio? ¿Cuál abuelita? ¿Quién conoce su paradero? Nadie sabe ni reclama por ella, ni la gente en la comarca, ni en las redes sociales, ni en los medios de comunicación, ni en la torre del Emperador. ¿La abuela…? Y colorín, colorado, este cuento no ha acabado.

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