Columnistas

La universidad y la universidad

La historia de la universidad boliviana es predominantemente la historia de las ideas revolucionarias.

La Razón (Edición Impresa) / Cergio Prudencio

09:45 / 02 de septiembre de 2018

La historia de la universidad boliviana es predominantemente la historia de las ideas revolucionarias. Es en el ámbito de esta institución donde solían germinar el pensamiento nuevo y la conciencia histórica, con la fuerza contestataria de los jóvenes y la eminencia de docentes formadores de espíritus universales. Nuestra superior casa de estudios articulaba a obreros, campesinos, artistas e intelectuales, a cuyas causas resonaba por sentido común.  

Debido a esa solvencia, construida a lo largo de siglos, la universidad fue siempre el primer objetivo a contrarrestar de las corrientes reaccionarias. Tengo grabada en la memoria la imagen del monoblock de Villanueva baleado en todo su magnífico cuerpo por las fuerzas aéreas aquel 4 de noviembre de 1964 en que el general Barrientos derrocó a la Revolución nacional, dando inicio al oscurantismo de la dictadura militar, con la consecuente persecución a estudiantes y profesionales, y por supuesto, a mineros y trabajadores.

Aún más fuerte es la imagen del 21 de agosto de 1971, cuando en el golpe del general Banzer el asedio a la universidad tuvo carácter de guerra, con cerco, bombardeos, caídos en las inmediaciones, presos y por supuesto la toma de la institución. Tortura, exilio, proscripción de ideas fueron el largo eco a esa asonada, que se cumplió siguiendo una estrategia geopolítica imperial para la región. Y por eso, en previsión de resistencias, se determinó la clausura de la universidad, cuya Revolución universitaria (1970) había estructurado una base ideológica de sustento al gobierno popular de otro general (otro en todo sentido), Juan José Torres, al que se estaba derrocando.  

La universidad fue reabierta años más tarde, bajo estricto control de la dictadura, con autoridades designadas, y por supuesto, con la autonomía conculcada. Pese al descabezamiento de los líderes, la conciencia estudiantil resistió, lo que implicaba no pocos riesgos.

El golpe de García Meza reeditó el de Banzer con respecto a la universidad: toma, saqueo, persecución, masacres. La universidad profanada. En esa larga y dolorosa noche de la historia se cometieron atrocidades contra los derechos humanos, y la universidad fue víctima sin nunca abandonar su alianza con la insurgencia popular por la recuperación de la democracia hasta su reconquista plena. Digna universidad, que proveyó no solo teoría y ciencia al proceso político, sino también soldados.

Hace casi 200 años, en la Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca se fermentaba el movimiento que devino en guerra de la independencia. La agitación intelectual y joven de aquel entonces produjo ideología, generó amplios procesos históricos y culminó nada menos que en la fundación de una patria soberana: Bolivia. ¡Qué referente extraordinario!  

Hoy la universidad boliviana la tiene complicada: debe honrar su propia historia; y qué lejos está de sus tan magnos antecedentes, a los que parece paradójicamente traicionar. Cuán deplorable es el protagonismo de autoridades encaramadas en la estructura pública de la academia con fines personales y de espaldas al proceso social; y qué decepcionante es la indiferencia de estudiantes extraviados en folklores deslactosados, insensibles y ajenos a todo. Hay que decirlo así, porque esto es desazón para el país en su conjunto; un país que requiere como nunca de investigación y de personas preparadas para aportar a nuestro desarrollo; un país que espera que las nuevas generaciones sean conscientes de las conquistas históricas y estén dispuestas a defenderlas, teniendo con qué hacerlo.  

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