Columnistas

Enviado del pueblo

Nos costó mucha lucha y angustia enviar a un hermano indígena, como nosotros, para que sea presidente.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

09:53 / 02 de septiembre de 2018

A propósito de la declaración del fundador y líder de los Kjarkas, Gonzalo Hermosa, respecto a que Evo sería un enviado de Dios, y hablando siempre con todo respeto por las creencias de cada quien (empezando por mi mamá), quiero recordar y refrescar la memoria de mis hermanas y hermanos de luchas. Recordarles que al hermano Evo lo mandó el pueblo, con una resistencia de 500 años, miles de asesinados y asesinadas, una sublevación de 45 días en octubre de 2003 y el derramamiento de la sangre de más de 67 muertos; la cual todavía sigue sobre las carreteras del Altiplano, especialmente de El Alto y de Achacachi. Nos costó mucha lucha y angustia enviar a un hermano indígena, como nosotras y nosotros, para que sea presidente y gobierne para nuestros pueblos.

Seguramente, cada quien tiene sus razones para atribuirle a otro lo que hicimos como pueblo en las calles de nuestras ciudades maravillosas, con innumerables movilizaciones que mistureaban y serpentineaban las avenidas y la autopista La Paz-El Alto, que poco a poco se fueron convirtiendo en la ciudad de la “guerra del gas”. ¡Nosotras lo hicimos, hermanas; nosotros lo hicimos, hermanos! La memoria, el recuerdo y el relato de los hechos son muy importantes, para que nos acompañen en este proceso de cambio, para que las tentaciones de arrebatarnos sin más el fruto de nuestro trabajo no siembren en nuestros cuerpos el olvido; y luego, la enajenación y la expropiación para usufructo de unos cuantos.

Es imprescindible no confundirse. Por supuesto que agradecemos el esfuerzo de cada uno de los que, desde distintos espacios del Gobierno, ponen el cuerpo en la infatigable tarea que es el construir el Vivir bien. Y ahí lo vemos todos los días al hermano Evo, quien desde muy temprano se saca la mugre, como decimos popularmente. Y sacándose la mugre con todo el empeño que pone también se equivoca, porque es humano.

No hay que confundirse, es distinto agradecer y reconocer que mitificar y mistificar a las personas y a los hechos. Cuidado, que mitificar y mistificar deshumaniza a nuestros hermanos y hermanas, quienes son gente como lo somos nosotras y nosotros. Ese proceso de mitificación y mistificación es peligroso, pues implica delegar poder y luego irse a casa a construir una isla de la fantasía individualista y capitalista. Delegar poder es delegar responsabilidades para después reclamar beneficios.

Tenemos un proceso de cambio que por supuesto es nuestro, nos pertenece, porque lo trabajamos y lo construimos en cada corazón, en cada familia que se dio cuenta de que nuestras mentes estaban colonizadas y que no creíamos en nosotras y nosotros mismos. Es nuestro porque lo parimos como organizaciones y movimientos sociales. Lo energizamos y le dimos contenido desde la memoria de nuestros ancestros y ancestras en las comunidades, ayllus y markas. Es el proceso de esperanzas, de nuestras esperanzas, camino a cambiar las estructuras más profundas de las opresiones y dominaciones en Bolivia. El pueblo envió al Evo, y el pueblo lo acompaña para que haga un buen mandato. Jallalla el proceso de cambio.

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