Columnistas

Otrificación

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas

07:24 / 19 de noviembre de 2018

Se concibe a la colonialidad como el residuo y consecuencia del proceso de conquista de América por parte de los europeos. Los pobladores de lo que se denominó América tomaron pronto la cara de un “otro” inaprehensible que debía ser dominado, domesticado y cincelado; pero para el discurso oficial: salvado de la barbarie. Este proceso de otrificación se ancla en un sistema dicotómico que opone características blanco/negro, mujer/hombre, europeo/indio. A través de esta operación se representa al otro desde el horizonte de sentido propio y se le imponen modos de ser y de estar en el mundo desde la exterioridad que los nombra.

Sin embargo, ¿es posible encontrar una tarea similar desde los colonizados; es decir, la otrificación del colonizador? En México se ha reunido una colección de textos bajo el título La visión de los vencidos, relaciones indígenas de la conquista (Universidad Nacional Autónoma de México, 2009). Se trata de una serie de recopilaciones de testimonios indígenas (específicamente de textos nahuas) sobre la conquista que datan de entre 1523 y 1528. Las distintas formas de la escritura son parte aún de un debate no acabado. Cabe como detalle esta cita de Don Antonio Herrera, cronista mayor de Felipe II: “Conservaban las Naciones de Nueva-España la memoria de sus antiguallas: En Yucatán, i en Honduras, havia vnos Libros de Hojas, enquadernados, en que tenian los Indios la distriubucion  de sus tiempos, i conocimientos de las Plantas, i Animales, i otras cosas naturales. En la Provincia de Mexico tenían su Librería, Historias i Kalendarios, con que pintaban; las que tenian Figuras, con sus propias Imagen i con otros Caracteres, las que no teniasn Imagen propias: asi figuraban cuanto querian” (sic).

En los textos mencionados los indígenas retratan a los colonizadores en dos momentos, primero ante la impresión de su llegada, y después ante la impresión de su barbarie y salvajismo. Primero como dioses, después como animales. La violencia se vuelve parte de la escritura, y la otrificación del colonizado es posible de ser vista: “Les dieron banderas de oro, banderas de pluma de quetzal, y collares de oro, y cuando les hubieran dado esto, se les puso risueña la cara, se alegraron mucho, estaban deleitándose. Como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como que cierto es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo por eso, tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el oro” (sic). Los otros serán siempre los que se alejan de un nosotros. No es frecuente encontrarnos con estos discursos de otrificación del colonizador, un discurso que nos muestra la violencia de la palabra, y también nos muestra a los otros.

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