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Oruro

Oruro ha sido, es y seguirá siendo una región de vocación minera e industrial a 3.600 msnm

La Razón (Edición Impresa) / Dionisio J. Garzón M.

00:01 / 21 de febrero de 2014

En el mes aniversario de Oruro, pujante tierra de raigambre minera e industrial, cabe meditar sobre lo que estas actividades significan actualmente en las perspectivas de desarrollo de la región. Según datos de la Fundación Milenio (Informe de coyuntura Coy 228), en una época de muy buenos precios para los metales en el mercado internacional y a contrapelo con el comportamiento nacional, cuyo PIB tuvo un crecimiento de 5,2% en 2012, Oruro tuvo un decrecimiento de -2,5% del PIB regional; además, una contracción del sector minero de -17% produjo una disminución del valor total de sus exportaciones de -12% ($us 607,6 MM en 2011 y $us 534,2 MM en 2012). De seis productos de exportación principales que significan el 98% del valor, cinco son metales (plomo, zinc, plata, estaño y oro) y uno un producto no tradicional (quinua).

La leve mejoría del valor de las exportaciones en 2013 ($us 554,9 MM) refleja una mínima reacción del sector minero (3,9%) pese al decrecimiento del valor exportable de tres de sus productos (plata, estaño y oro) y también al espectacular crecimiento de las exportaciones de quinua (95,1% respecto de 2012), que facturaron $us 135,5 MM en 2013 y salvaron las cifras globales de exportación. Aunque el valor de la quinua es significativo, tiene menor incidencia sobre el total, comparado con aquella de las exportaciones mineras. ¿Qué indica esta realidad?

Parafraseando a mi amigo e investigador argentino Ricardo Alonso al hablar de los Andes Centrales, no hay ninguna alternativa económica seria para los pueblos andinos ubicados por encima de los 2.500 metros sobre el nivel del mar que no sea la minería; Oruro ha sido, es y seguirá siendo una región de vocación minera e industrial a 3.600 metros de altitud, y debiera redoblar esfuerzos para fortalecer su declinante (las cifras lo dicen) industria minera. Cuenta con una provincia metalogenética que cruza su territorio y es rica en oro —ha dado dos minas de clase mundial (Kory Khollo y Kory Chaca) y un prospecto aurífero listo para convertirse en un exitoso proyecto (Achachuncani)—; tiene minas históricas de plata y estaño (Huanuni, San José, Japo, Morococala, Santa Fe) todavía en producción y con un interesante potencial remanente; salares en su altiplano e interesantes prospectos de oro, plata y cobre en su segmento cordillerano occidental.

Llama poderosamente la atención el poco interés de las instituciones estatales y regionales para desarrollar nuevas operaciones mineras, basadas en una adecuada exploración y evaluación de este potencial, y el poco empeño de un empresariado con las “barbas en remojo” en espera de la nueva ley minera para saber a qué atenerse. Estamos dejando lo importante para las calendas griegas.

Seguimos hablando de Huanuni, de Vinto y de la quinua en la Serranía Intersalar. Esta última es interesante como diversificación productiva, pero de una escala mucho menor. En este nuevo aniversario es menester recordar que Oruro es tierra de oro, plata y estaño, una “trica de ases” con la que en el juego del desarrollo debiera tener un mejor destino. La minería mueve más del 75% de su economía y años atrás llegó a significar el 90,1% del valor de sus exportaciones. Sin este poderoso soporte, ninguna intención de diversificación productiva tendrá futuro. Es hora de despertar el espíritu industrial de los viejos orureños que han hecho posible la transición republicana de los siglos precedentes.

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