Columnistas

El PIB y el doble aguinaldo

Promover crecimiento ignorando las condiciones de producción termina dañando a la economía

La Razón (Edición Impresa) / Roberto Laserna

00:12 / 03 de diciembre de 2014

La disposición de otorgar doble aguinaldo a los trabajadores dependientes ha sido presentada como un premio al esfuerzo por el crecimiento económico. Pero también pretenden darle sostenibilidad, basado en la falsa imagen de la economía que proporciona el Producto Interno Bruto (PIB). 

Varios sectores han hecho notar el carácter inequitativo de esta medida y los riesgos que conlleva para las empresas, pero el Gobierno persiste, seguro de que, a la larga, todos saldrán beneficiados por esta redistribución forzada. Creen que el crecimiento reciente se basa en la expansión del mercado interno y tratan de compensar la caída de los precios internacionales estimulando la demanda. Esta idea se basa en la imagen de la economía que proporciona el PIB; pero ésta es errónea, y conduce a decisiones políticas con efectos contrarios a los buscados. Promover crecimiento estimulando el consumo e ignorando las condiciones de producción termina dañando a la economía en su conjunto.

El PIB da la imagen de que la economía está compuesta sobre todo por el consumo de los hogares y del Gobierno. Cierto que considera las inversiones y el saldo de la balanza comercial, pero sus magnitudes son opacadas por los dos primeros. Por eso se tiende a creer que basta estimular el consumo de los hogares y del Gobierno para dinamizar una economía.

Esta imagen de la economía oculta un componente clave: las transacciones realizadas entre las empresas. Se las omite por razones contables, pero el hecho tiene serias consecuencias económicas y de política pública: lleva a ignorar el verdadero núcleo de la economía. El consumo intermedio, como le dicen, representa el proceso productivo mismo, es decir, lo que se hace antes de que los productos lleguen a los mercados.  

En las cuentas nacionales se suele calcular la producción total que contiene todas las variables del PIB y además el consumo intermedio. Se presenta como oferta total y es igual a la demanda total, o sea que puede ser observado desde la producción o desde el consumo. Según el INE, el consumo intermedio representa el 40% de la oferta total y es, de hecho, el más importante. El consumo de los hogares en realidad no pasa del 32% de la producción total, y el gasto gubernamental resulta ser también mucho menos importante. Si se analizan las series de largo plazo de la economía, se verá que el componente más dinámico del crecimiento es el consumo intermedio. Dañar ese núcleo puede dañar la economía.

El doble aguinaldo es una política redistributiva que saca dinero de los empleadores, es decir del componente “consumo intermedio”, y lo lleva a los consumidores. Sin duda aumenta la demanda final, pero los productores, afectados en sus costos, resultan dañados y tendrán dificultades para satisfacer esa demanda, lo que aumentaría las importaciones o empujaría los precios arriba, lo que al final de cuentas redundará en un daño generalizado de inflación con recesión. Ha sucedido antes, aquí y en otros lugares, pero el PIB es tan popular que ni ponemos en duda el modelo teórico en que se sustenta su cálculo y que termina orientando los errores de política que comentamos. Es necesario abrir la mirada para captar al resto de los actores económicos.

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