Columnistas

Pablo Iglesias, presidente de España

Lo que más me gusta de Podemos es el pánico que provoca en los otros, en los poderosos

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

01:44 / 24 de diciembre de 2014

Es una estrella del rock. Aconsejado por sus asesores, se ha quitado el piercing de la ceja izquierda. Su “cola” es innegociable, aunque sí se pone corbata; pero son como las de Pep Guardiola, las delgaditas, más fashion, no esas horribles gordotas que usa Pastén en la televisión. Sigue las pautas esenciales de los manuales de comunicación política con gran disciplina: repite los mismos mensajes. Viste camisas claras que dan la sensación de pureza y confianza, y se las sube hasta el codo, laburando siempre, transmitiendo austeridad de la buena, el estilo cuidadosamente descuidado a la última moda mundial. Es un “lumbersexual” con barba, valga la redundancia. Sabe que la imagen es un atajo cognitivo: todos chequeamos de manera rápida y sencilla para hacernos una idea del tipo.

No es un macho alfa de la manada, es un militante, pero sus hinchas femeninas le dan nalgadas cuando pueden en las concentraciones políticas multitudinarias en las plazas de toros. Es el novio que todas las estudiantes de la ‘U’ quisieran tener. Su nombre es Pablo Iglesias, la cara más visible (junto a Milhouse Errejón y Monedero) de Podemos, el fenómeno político más relevante de las últimas décadas en España y, según cuenta Manolo Canelas (diputado electo del MAS), “un revulsivo para la izquierda mundial”.

Los medios de la derecha lo atacan con todo su arsenal de guerra sucia; las castas tienen miedo y Pablo Iglesias, la marca de la indignación y el rechazo de la vieja política corrupta, es el líder más valorado cara a las elecciones presidenciales del próximo año (antes hay municipales).

Lo que más me gusta de Podemos es el pánico que provoca en los otros, en los poderosos, en las sombras, en los “tertulianos” fascistas de la televisión española. Cuando Álvaro García Linera visitó en abril de este año que se nos va la Universidad Complutense de Madrid (el “Chapare” de Podemos), Iñigo Errejón preguntó al Vice: ¿Qué lecciones pueden extraer de América Latina los movimientos y fuerzas políticas que están por el cambio en Europa? “La desnaturalización del neoliberalismo, su contingencia, su vulnerabilidad; parece muy sencillo, pero es una tarea gigante; que en la mente de los europeos entrara la idea de que esto es contingente, que es arbitrario ya sería mucho. A mí, América Latina me mostró que sí. Según los medios europeos, el resultado de nuestros procesos es el populismo total, un vómito frente a la adversidad”.

A ratos, creo que el reto de Pablo Iglesias y sus “cumpas” (de acá y de allá) es gigantesco, que reivindicar la socialdemocracia no alcanza, que desmontar la contracción del Estado del bienestar es mucha cosa, que otra vez van a cambiar todo para que nada cambie... Y luego pienso que ni siquiera he leído el programa de Podemos, porque no lo tienen. Pero sí tienen “hoja de ruta” que se resume idealmente en: un 30% de votos (más o menos) en las próximas elecciones generales, posterior gran alianza “antinatura” de la derecha y el centroderecha (PP y PSOE), elecciones anticipadas exigidas desde la calle y triunfo electoral a la griega más proceso constituyente a la boliviana-bolivariana.

Y en el medio, mucho efecto underdog: solidaridad del “espectador” hacia el más débil, hacia el vilipendiado, hacia el otro. El otro día, un cuate me paró en unas escaleras entre la 6 de Agosto y la avenida Arce y me preguntó: ¿Es el Pablo Iglesias el próximo presidente de España? Y yo, que no sabía si estaba bajando o subiendo las gradas, respondí con más preguntas: ¿Seremos libres cuando ahorquemos al último rey con las tripas del último cura? ¿Estamos solos en la galaxia o acompañados? ¿La capacidad de predicción de los pinches periodistas hace que los pronósticos del Senamhi parezcan respetables? 

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