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Pac-Woman

Algunos defensores de la equidad de género han llevado su discurso del error hasta la vulgaridad.

La Razón / Alejandro F. Mercado

04:23 / 03 de marzo de 2012

En un curso al que tuve la oportunidad de asistir el año pasado, al profesor se le ocurrió utilizar una clase para hablarnos sobre la discriminación por género, aunque el curso no tenía ninguna relación con el tema. Lo más destemplado de su exposición fue cuando señaló que debería suprimirse la expresión señorita, en tanto que el uso de señora y señorita discrimina en contra de las mujeres al dar a conocer su estado civil, cosa que no ocurre con los hombres. Textualmente dijo que el uso de estos adjetivos nos permite a los hombres saber si las mujeres son brincables o no brincables (sic). Aunque esta vulgar cuchufleta soltó la carcajada de algunos asistentes, al final de la clase una colega comentó que fue una grosería que se haya referido a las mujeres como brincables y no brincables.

Lo cierto es que quienes se consideran defensores de la equidad de género, en muchos casos, han llevado su discurso del error hasta la vulgaridad. No otra cosa podemos pensar de quienes se refieren a todas y todas, quienes usan presidenta, quienes clasifican a las mujeres entre las brincables y las no brincables o, como escuché hace poco, referirse a los transexuales como transgenéricos. Lo único que falta para completar esta simpleza es que quieran cambiar el nombre del tradicional juego Pac-Man por Pac-Woman.

Sería bueno que se informen que los verbos no tienen género, que presidir es un verbo cuyo participio activo es presidente, por lo que usar presidenta no es correcto, lo mismo que si a una cantante de sexo femenino la llamáramos cantanta. De manera más precisa, cuando queremos nombrar a una persona que denota la capacidad de ejercer la acción del verbo, lo hacemos agregando al final el sufijo ente, así, a quien preside se lo denomina presidente, independientemente cual sea su sexo.

Pero las equivocaciones han ido allá y tienen que ver con el hecho de clasificar a las personas por género. Las personas no tenemos género, tenemos sexo. El género es una propiedad de los nombres y los pronombres, no de las personas. Por otra parte, referirse a ellas y ellos, empleadas y empleados, ciudadanas y ciudadanos, etcétera, en palabras de Arturo Pérez Reverte, destacado escritor y miembro de la Real Academia Española, es empobrecedor, artificioso y ridículo. Francisco Rodríguez Adrados, también miembro de la Real Academia Española y de la Academia de Historia, señala: “Sustituir, por ejemplo, los funcionarios por los funcionarios y las funcionarias, es tonto e inútil, destroza la economía del lenguaje”.

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