Columnistas

Pacto indígena-empresarial

Una de las mayores tragedias del país ha sido la ausencia de un empresariado con conciencia nacional

La Razón / Grover Cardoso

00:00 / 02 de febrero de 2012

De los resultados que brotaron de la primera Cumbre Plurinacional, es necesario resaltar la propuesta del pacto indígena-empresarial, que no surgió al azar, sino como pedido de los propios empresarios; es decir, de quienes en el pasado apenas  se molestaban en contestar el saludo de los indígenas. ¿Pacto? Un pacto lo  plantean quienes están en veredas distintas, en posiciones encontradas respecto a  determinados intereses. Desde luego que el interés hoy es el rumbo que tomará el  Estado en los próximos años: reforzar el  incipiente modelo capitalista; abrir la vía socialista o intentar una combinación de ambas. Seguro que los empresarios no se jugarían por el rumbo socialista, pero si saben mirar el ancho corredor de la historia no tendrían que cerrarse a la posibilidad de una combinación de ambas.

En lo concreto, un pacto es un acuerdo de partes en el que cada cual da algo a cambio de algo. ¿Qué podrían dar los empresarios a los indígenas? En lo político, nada; en lo económico, empleo. ¿Qué podrían ofrecer los indígenas a los empresarios? En lo político, gobernabilidad y en lo económico, quizá un ámbito de estabilidad para el desarrollo empresarial. Sea cual sea la concesión de cada lado, es interesante la oferta porque el sector que representa el dinero, las finanzas y la producción de riqueza quiere dar la mano a un sector que está siendo empoderado por el Gobierno y ya es un actor central de la historia del país.

A diferencia de lo que ocurría en el pasado, cuando los empresarios representaban un factor de poder, hoy parecen tener otras prioridades. Están más propensos a hacer empresa, es decir, business (negocios) y plata, lo que no es muy prudente. Lo económico es sólo una cara de la moneda y lo político el escenario donde se define cada episodio de la historia. Por tanto, deberían generar propuestas —que vayan más allá de un pacto— visualizando lo que Bolivia puede o debe ser en 2022.

En el territorio nacional existen empresarios que si se sienten bolivianos es básicamente  porque Bolivia, sobre todo la de base, les  reporta un modus vivendi expectable, y no precisamente porque abrigan un entrañable cariño por la patria, sus condiciones de vida y su gente. Ya lo anotaron Almaraz y Zavaleta. Desde la fundación de la República, una de las mayores tragedias de Bolivia ha sido la ausencia de una burguesía boliviana, un empresariado con conciencia nacional que no sólo tenga habilidad para hacer negocios y billetes, sino que ayude a constituir el país desde una visión nacional, y que se juegue por los intereses de la tierra que los cobija. Después de todo, estamos hablando de la clase que a partir de su poder económico, sobre todo en las grandes inversiones, el manejo del sistema financiero y los grandes medios de comunicación, tiene de hecho inmenso poder político.

La idea del pacto es interesante y quizá necesaria, porque en el terreno de las relaciones al interior de la sociedad un  pacto de empresarios e  indígenas, es decir, entre la base y las élites, y de algún modo entre la tradición y la modernidad, podría dar lugar a una visión más compacta de país.

En todo caso, la situación que hoy vive Bolivia y la propia idea del pacto ponen al descubierto una cuestión esencial: la necesidad de la complementariedad en el sentido de que uno aporta lo que el otro no tiene. Por ahora, los empresarios tienen la visión del manejo económico o cuando menos algunas de sus herramientas. No es menos lo que tienen los indígenas. Ellos tienen el amor por la patria.

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