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Padre

La Razón (Edición Impresa) / Columna sindical - Tomás Calle

10:32 / 18 de marzo de 2018

Históricamente, la función del padre ha estado vinculada con la disciplina, cuyo ejercicio, a veces violento, ha traído por generaciones una imagen paterna que educa y forma a los hijos a través de la figura de autoridad. Desde que la tecnología forma parte activa de nuestra vida, como padres debemos establecer reglas y límites para su utilización, enseñar la importancia de la privacidad en la red, ampliar el pacto de tiempo y espacio de uso de la tecnología a toda la familia, abrir un canal de comunicación con los hijos, saber utilizar los programas de control parental y, sobre todo, predicar con el ejemplo de cómo disfrutar esta era moderna sin dejar de lado a la familia.

Los tiempos están cambiando. Cada día aparecen nuevos retos y necesidades, y a la vez otros desaparecen. Y si bien los valores que se deben transmitir a los hijos son los mismos de siempre, ahora los métodos han cambiado y seguirán evolucionando. Pero el temor, la alegría y el sacrificio de ser padre seguirán siendo los mismos por mucho tiempo. Al realizar un buen trabajo como padres existiremos después de la muerte, y parte de nosotros será transmitida de generación en generación.

Mi padre fue estricto con mi educación y la de mis hermanos, aunque tenía la paciencia necesaria para explicar el motivo de su accionar y de las decisiones que tomaba, dejando abierta siempre la opción a réplica, que si era bien expuesta, podía cambiar su decisión, algo que no pasaba muy a menudo. A su manera disfrutó de la vida y supo adaptarse bien a los cambios tecnológicos, incursionando en las redes sociales para estar cerca de la familia, creando nuevas reglas conforme aparecía alguna nueva exigencia moderna; sin dejar de lado la esencia de que lo sencillo es mejor. Tal vez no se pueda medir el tipo de persona que fue, aunque la gran cantidad de gente que asistió a su fugaz deceso habló del tipo de padre que tuvimos con mis hermanos.   

Como muchos hijos, si comenzara a nombrar todas las virtudes de mi padre, no terminaría fácilmente la lista, aunque debo resaltar su humildad, su conducta intachable, el tiempo de calidad dedicado a la familia, su interminable alegría y su fe en Dios (a quien agradecía por la vida que tuvo). Estos fueron los pilares fundamentales que le ayudaron a superar los obstáculos que la vida le puso en su camino. Solo queda esperar que la tecnología avance más y podamos comunicarnos con el paraíso para poder escuchar la voz de ese ser maravilloso y poder decirle gracias por tanto sacrificio y enseñanzas, y, sobre todo, gracias por ser mi padre. Queda el dolor de que me haya visto nacer y que hace poco yo le haya visto morir. Es largo y solitario el camino sin él, pero ya no le temo a la muerte, porque sé que Dios le tiene a su lado y yo lo tengo en mi corazón.

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