Columnistas

Padres o verdugos

Los niños víctimas de la violencia mojan la cama, no hablan, se vuelven violentos, se distraen, se enferman

La Razón / Lucía Sauma

01:30 / 22 de marzo de 2012

Una norma promulgada el 28 de diciembre de 2011  establece que en todas las actividades y papelería oficial se utilice la frase: “2012 año de la no violencia contra la niñez y adolescencia en el Estado Plurinacional de Bolivia”.

Días antes de su promulgación, en los diarios se leía: “el diagnóstico médico del Hospital del Niño señala que la niña fue internada con politraumatismo, hematomas, infarto cerebral y desnutrición severa”. Es el reporte médico de Ariana, de dos años y 11 meses. Otro informe daba cuenta que “la pequeña tiene el síndrome del niño maltratado, sufrió politraumatismos generalizados y un traumatismo cráneo encefálico severo”. Su padre, en un arranque de ira, la tiró al suelo, le pisó la cabeza y todo el cuerpo. En alusión a una niña de 14 meses.

Otros informes: “Un padrastro es acusado por la Fiscalía de golpear brutalmente a su hijastro de ocho años con un palo de escoba y un cinturón hasta dejarle hematomas en el 80% de su cuerpo. Todo, porque el niño confundía algunas letras y no lograba leer con fluidez un libro”. “Un niño de tres años fue obligado a caminar sobre brasas de carbón. El pequeñito presenta quemaduras de tercer grado en el 50% del cuerpo”. Esto sucedió el 7 de marzo de este año.

Estos son los resultados del sufrimiento de niños que fueron torturados por vomitar comida fermentada, por confundir algunas letras sin haber ido antes a la escuela, por no estar quieto. La violencia contra la niñez es insoportable, es obscena, degradante.  Los niños son víctimas silenciosas, no pueden denunciar el maltrato que sufren. A esto se suma la aceptación social del castigo. Hay adultos convencidos de que castigar es educar.

Quizás necesitan saber que la violencia afecta el cerebro de los niños, que los niños golpeados, torturados, mojan la cama por el pánico que soportan. No hablan, no comen, se vuelven violentos, se distraen, no pueden memorizar, se enferman con frecuencia; en el futuro consumen drogas, alcohol y tienen sexo precozmente. Son sus armas de defensa para no pensar en sus dramas, en sus cuerpos lacerados, ultrajados.

La mayoría de los casos de maltrato infantil no son denunciados. Un vecino, un pariente, un maestro, cualquier persona cuando denuncia evita el sufrimiento y hasta la muerte de un niño. Para que la denuncia sea efectiva, las instituciones receptoras como la Policía, las defensorías de la niñez, los centros de salud, deben  apartar al niño de sus agresores, darle protección, emitir un informe sin disminuir la gravedad de las agresiones ni sus consecuencias.

Sin embargo, estas palabras no alcanzan, ni siquiera le hacen un rasguño a la tremenda situación de niños y niñas que soportan semejante crueldad. Hace falta más valor, más decisión, para terminar con la violencia hacia los niños.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia