Columnistas

Palabras preñadas

Antes de marcharse de una comunidad  hay que visitar a los abuelos, guardianes de los recuerdos

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

01:07 / 03 de julio de 2014

Hace unos días, mi prima Valia me pasó un artículo de prensa titulado Veinte palabras geniales que no tienen traducción, firmado por Jason Wire, que se refiere a palabras que no poseen una traducción precisa en otros idiomas o requieren de una larga explicación. En esa línea titulé a esta columna Palabras preñadas, porque creo que cargan grandes significados.

Entre las palabras que eligió Wire están mamihlapinatapei, que en yagan (lengua indígena de Tierra del Fuego, Argentina) “es la mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo, pero que son reacias a dar el primer paso para comenzar”. Ilunga, que en lengua tshiluba del Congo se traduciría como “la altura moral de una persona que está lista para perdonar y olvidar una primera ofensa, tolerarla una segunda vez, pero nunca perdonar ni tolerar una tercera ofensa”. Wabi-Sabi, en japonés y que en una oración uno podría entenderla “como una manera de vivir cuyo foco es encontrar la belleza dentro de las imperfecciones de la vida, y en aceptar tranquilamente el ciclo natural de crecimiento y decadencia”.

En francés hay una que podría explicar de manera breve e intensa el sentimiento de no estar en el país de origen, la nostalgia y la ausencia de muchas cosas de la patria, esa palabra es dépaysement. En japonés hay una que revela “la determinación para afrontar los obstáculos en la vida, de persistir en el intento con paciencia y dignidad, aún frente a aquellos desafíos que parecen insuperables”. Esa palabra es gaman; y mi preferida: saudade, una de las palabras más hermosas de la lengua portuguesa, que ha sido adoptada por poetas, músicos y enamorados del mundo entero, cuya pronunciación es música fina y suave, y que podría significar la alegría de sentirse triste o la alegría de extrañar a alguien o a algo.

En Bolivia también podríamos hacer una lista siguiendo esos rasgos, y de seguro que la misma incluiría a algunas de nuestras lenguas nativas como del castellano. Por eso, antes de marcharse de una comunidad campesina o indígena hay que visitar a los abuelos, guardianes de los recuerdos, dejar que cuenten sus sueños nostálgicos zurcidos con esperanzas y frustraciones, para que nos enseñen algo en sus propias lenguas, porque hay memorias que no se pueden decir en castellano. Van algunos ejemplos de estas palabras preñadas: pujusó, usada en tierras bajas y que describe una tela, cuero o superficie de algún material invadido por los hongos de la humedad.

Kaima, palabra aymara que se traduce como desabrido, pero cuando la usamos para referirnos a una persona viene preñada de una serie de significados que tienen que ver, tanto con el aspecto físico como con la falta de carisma. Amartelo, castellano, profunda tristeza por la ausencia de alguien muy querido. En La Paz a los niños había que llevarlos al Parque de los Monos para que se distraigan y se les pase el mal del amartelo. Dicen que para muestra basta un botón, así que, querido lector, lo invito a que elija las suyas y las comparta con sus amigos.

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