Columnistas

Palestina

La Razón / Pablo Rossell Arce

00:11 / 13 de diciembre de 2012

Su columnista decidió ponerse al día con el último acontecimiento de la geopolítica mundial y explorar algunas aristas del tema. (El tema trajo también otras aristas, con amistades de larga data que se autoidentifican con el pueblo judío).

Como los lectores de La Razón recordarán, hace pocos días Palestina logró incorporarse a las Naciones Unidas en calidad de Estado observador, es decir, como miembro no pleno.

¿Por qué Palestina solicitó ser miembro no pleno? Aparentemente, este tipo de membresía es irrelevante. El Vaticano es Estado observador (y basta una gira internacional del pontífice de los católicos para lograr bastante más de lo que se logra en la ONU).

Vamos por partes: Palestina ya solicitó formalmente, ante el Consejo de Seguridad, ser miembro de pleno derecho hace poco más de un año. Pero aparentemente Mahmud Abbás no tuvo el cuidado de preparar la movida según los procedimientos de Naciones Unidas (lograr al menos el respaldo de 9 de los 15 miembros del Consejo) y lo único que logró fue formalizar las intenciones de veto de los EEUU a cualquier iniciativa de reconocimiento de Palestina como Estado.

Si aparentemente ser Estado observador es prácticamente irrelevante (según el propio Netanyahu), por qué los EEUU e Israel se pusieron a la cabeza de la oposición a la propuesta? Porque no es irrelevante, claro está.

Lo sucedido a fines de noviembre es el resultado de una movida más inteligente y más eficaz que la de hace un año. No es moco de pavo. ¿Por qué? Porque Palestina gana. La posición palestina en la arena internacional, en este momento, es más ventajosa: En primer lugar, Palestina es reconocida como Estado por el mundo (excepto EEUU, Israel y un puñado de naciones muy comprometidas con lo que les dice el imperio menguante).

En segundo lugar, Palestina gana porque ahora puede acudir a la Corte Penal Internacional de La Haya. En el embrollo jurídico internacional anterior a la aceptación de Palestina en la ONU, la “comunidad internacional” pudo hacer e hizo la vista gorda frente a los ataques militares que Israel ejecutaba regularmente contra la población civil Palestina. Ahora, existe un foro, el mismo foro que juzgó a Milosevic por crímenes de guerra, donde Palestina podrá acudir para demostrar que sufre tal extremo. Y el mundo tendrá que escuchar.

Por otro lado, Palestina podrá copatrocinar resoluciones de la ONU. Esto, en la arena internacional, es importante puesto que antes Palestina era sólo un sujeto pasivo de las determinaciones que se tomaban a nombre del mundo. En cuarto lugar, Palestina podrá adherirse a las principales convenciones internacionales y podrá participar directamente en las agencias de Naciones Unidas.

Finalmente —además de otras consideraciones que probablemente sean igual de importantes pero que escapan al análisis de este columnista—, el ingreso de Palestina a Naciones Unidas implica saldar una deuda histórica que se generó el 29 de noviembre de 1947, cuando la ONU votó por partir a Palestina en un Estado judío y otro árabe. A priori, no se puede saber si este paso permite caminar la senda de una solución definitiva para el conflicto israelí-palestino. En todo caso, la imagen de dos Estados ya es visible internacionalmente.

La solución definitiva, seguramente, dependerá de la inteligencia de los líderes de ambos Estados para bajar los decibeles de los tambores de guerra. Logro heroico si los hay, dada la situación en el Oriente Medio, sumada a las contundentes muestras de irritación de Netanyahu.

La viabilidad de Palestina, también se juega en el terreno de la proyección ideológica: además del factor religioso, ¿qué tiene Palestina como cemento cultural que una a todos sus habitantes?, ¿existen condiciones para descubrir/resaltar otros ingredientes? Son cuestiones de mucho peso, que pueden determinar el devenir del Oriente Medio en la próxima década.

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