Columnistas

Entre palliris y torneras

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:01 / 11 de octubre de 2018

Mientras das una vuelta en la casa, yo ya he dado una vuelta al mundo”. Eso le dice Lucila a su marido. Ambos trabajan en la mina, él es tornero y ella, barranquillera. Él se levanta, se alista, toma su desayuno y sale al trabajo. Ella se levanta a las cuatro de la mañana, cocina para sus hijos, lava la ropa que está remojando desde la noche anterior, prepara la merienda para toda su familia, sirve el desayuno, acomoda el almuerzo en viandas para cada uno, barre la casa y sale a la mina. La doble o triple jornada para una mujer que trabaja en las minas es absolutamente normal, y a nadie le extraña, aunque eso signifique un enorme esfuerzo para quien la realiza. Lucila pertenece solo al 20% de las mujeres casadas, porque en el sector minero el 50% son viudas, divorciadas o solteras con hijos, según un estudio realizado por la empresa Cumbre del Sajama.

“Nosotras hacemos todo tipo de trabajo fuera y dentro de la mina. Es cosa del pasado que las mujeres traemos mala suerte si entramos en la mina, necesidad obliga”, me dice Cristina. Las mineras se desempeñan como socias de cooperativas, son trabajadoras independientes o de empresas mineras. Cualquiera sea su función, las mujeres mineras son invisibles. Desde que salen de sus casas, caminan con la cuadrilla con los varones, se sientan a cumplir con el ritual de pijchar coca e ingresan a la mina. Ellas deben demostrar que manejan bien el taladro manual, que saben transportar explosivos en sus mochilas, que son cuidadosas al instalarlo en las rocas y hacerlo explotar en busca de la veta; diariamente tienen que batallar porque reconozcan su trabajo.

Los overoles, los cascos, las botas o los guantes, cuando existen, suelen ser de tallas muy grandes o no aptos para el uso femenino. Es que el trabajo en las minas es considerado eminentemente masculino, sin tomar en cuenta que las mujeres bolivianas trabajan en la minería desde hace siglos. De ser solo palliris o lameras, ahora operan con maquinaria pesada; son trabajadoras de interior mina, mecánicas industriales, torneras, prensadoras. A pesar de todos estos cambios, aún el trabajo de la mujer minera es considerado un trabajo no tradicional, a raíz de ello no es tomado en cuenta a la hora de diseñar políticas públicas específicas para el sector y, por tanto, sus derechos como mujeres y como trabajadoras son vulnerados y postergados.

Cuando un trabajo es invisibilizado, los derechos de las personas que los realizan dejan de existir. En el caso de las mujeres mineras añadiremos que las minas están en lugares alejados, donde el control del Estado es débil y la solución a los problemas se da con la ley del más fuerte, y ellas no son precisamente las más fuertes físicamente.

* Periodista.

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