Columnistas

Pan soberano

Con las donaciones se ha generado una demanda que debe ser cubierta a través de la importación

La Razón / Lucía Sauma

03:47 / 23 de febrero de 2012

En Mauritania, según un informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), este año podría morir un millón de personas, víctimas del hambre. Este país africano tiene tres millones de habitantes. Es una zona desértica en permanente sequía, lo que le obliga a importar el 90% de su comida. Estos datos confirman que los países más afectados por la crisis alimentaria son los importadores de alimentos, porque deben pagar por ellos precios cada vez más altos.

Bolivia compra alimentos del exterior, por eso los datos de Mauritania deben llamarnos la atención y prender los focos de alarma para crear políticas públicas y hábitos de consumo que aseguren la comida de todos.

Nuestro país resintió su soberanía alimentaria a partir de las donaciones de alimentos que comenzaron en 1955 con el Programa PL-480, de EEUU, principalmente de trigo. Después, en 1964, siguió el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y en 1983 la Comunidad Económica Europea. Al finalizar estos proyectos, Bolivia desactivó la producción de lo que había recibido en donación y comenzaron las compras del exterior, creando dependencia y restando incentivo a la producción nacional, como es el caso del trigo. Según datos del INE, durante 2011 Bolivia importó $us 521,7 millones en alimento, principalmente azúcar y maíz. Los datos también indican que entre enero y marzo de 2011 la importación llegó a $us 143 millones en comparación con los 85 millones del primer trimestre de 2010.

Pero no todo es dinero. La donación y la importación de alimentos influyen en el cambio de los hábitos de la población. Parece imposible reemplazar la harina de trigo por otras como de la soya, tarwi, banano, papa o yuca que son de producción local. Con las donaciones se ha generado una demanda que debe ser cubierta a través de la importación, porque consumimos lo que no producimos.

En septiembre de 2011, el Gobierno reconoció que la superficie de cultivos  en el año agrícola 2009-2010 se redujo de 2,91 millones de hectáreas (ha) a 2,81 millones, es decir, 99 mil ha menos. Esta disminución, según la FAO, se debe a la migración de los agricultores a las ciudades, el cambio climático y la falta de políticas de incentivo a la producción.

El 11 de enero, se emitió el Decreto Supremo 1120 aprobando la subvención a la producción y comercialización de productos agropecuarios y sus derivados a precio justo, para cumplir el mandato de la Constitución, que establece como obligación del Estado garantizar alimentos para todos los bolivianos. Los resultados están por verse.

No es fácil ser soberanos. Hay que aprender a vivir de forma independiente, a producir para abastecernos, a que existan en el mercado los alimentos que necesitamos a precios justos y que además tengamos la capacidad de generar excedentes para la exportación. Sólo así podremos hablar de soberanía alimentaria.

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